Visto lo que ha ocurrido en Europa, Estados Unidos teme que los fabricantes chinos tomen las riendas de su industria automovilística. Desde su llegada el Despacho Oval, Donald Trump ha dejado bien claro que no quiere saber nada de empresas automovilísticas chinas. Ha subido los aranceles y ha exigido condiciones durísimas para su llegada. Ahora, no contento con las medidas anteriormente tomadas, BYD y otros fabricantes chinos de especial importancia, han sido añadidos a la lista negra del Pentágono al tacharlas como empresas militares que trabajan para el gobierno.
Tras la última actualización de la lista de empresas militares chinas contemplada en la Sección 1260H de los Estados Unidos. El Pentágono ha decidido incorporar de manera oficial a gigantes como BYD, NIO y CALB, empresa dedicada a la fabricación de baterías. Esta medida saca a la luz la creciente tensión entre China y Estados Unidos. La inclusión de estas corporaciones en el listado del Departamento de Defensa no implica la imposición automática de sanciones comerciales directas, pero eleva considerablemente la presión sobre sus operaciones. Hace un año, el gigante de las baterías CATL también se sumó a la nefasta lista.
Implicaciones mecánicas y estructurales en las baterías

El veto no solo se centra en los fabricantes de vehículos como NIO y BYD, sino que ataca de forma frontal la producción y el ensamblaje de los paquetes de celdas, el verdadero núcleo de poder de China en el mercado de los coches de nueva energía. Entre las nuevas incorporaciones destaca CALB, una de las firmas más relevantes en el desarrollo de celdas de batería, junto a EVE Energy, otra de las afectadas. El Pentágono fundamenta la presencia de estas compañías alegando supuestas vinculaciones institucionales con organismos estatales del país asiático y apoyos en programas gubernamentales.
Estas restricciones se extienden a elementos mecánicos de precisión y asistencia al chasis, tales como los sensores lidar suministrados por Hesai y RoboSense, esta última respaldada financieramente por la propia BYD. El Departamento de Defensa americano asegura que estas empresas comparten datos con el gobierno a través de sus paquetes de seguridad y asistencia a la conducción. Incluso la arquitectura de las baterías se analizan minuciosamente bajo la lupa de la estrategia de fusión militar-civil.
Huella industrial y la respuesta de las compañías afectadas

Tanto BYD como NIO cuentan con una presencia física establecida en suelo estadounidense que ahora se enfrenta a un marco operativo mucho más complejo. BYD gestiona desde el año 2014 una factoría de ensamblaje de autobuses eléctricos en Lancaster, California, una planta de producción industrial que ha expandido sus instalaciones hasta alcanzar una superficie superior a los 46.000 metros cuadrados. Por su parte, NIO mantiene operativa una sede de desarrollo e instalaciones de ingeniería de chasis y sistemas dinámicos ubicada en San Jose. Mientras, en Canadá, la situación es bien diferente. El gobierno ha cambiado los aranceles favoreciendo así la llegada de nuevos competidores.
Ante esta situación, el sector de componentes y desarrollo de automoción busca reaccionar ante los criterios fijados para su inclusión en la Sección 1260H. Las corporaciones afectadas tienen el derecho legal de solicitar la revisión de su expediente ante las autoridades pertinentes para demandar su exclusión. Ciertas firmas del ramo ya han expresado de forma pública su rechazo a estas designaciones, argumentando su condición de empresas independientes que cotizan en los mercados de valores y negando el cumplimiento de las condiciones requeridas para formar parte de este bloqueo.