Norteamérica ha estado cerrada a las marcas de coches chinas desde siempre. Estados Unidos tiene férreas políticas contra los fabricantes del país asiático, pero su vecino del norte, Canadá, va a ser el lugar por el que empiece el desembarco. Tres grandes fabricantes chinos han confirmado sus planes de entrar en Canadá antes de que termine el año, marcando un nuevo paso en la expansión internacional de la industria automovilística del gigante asiático.
Las marcas implicadas son BYD, Chery Automobile y Geely Holding, tres compañías que ya cuentan con una presencia cada vez mayor en mercados como Europa, América Latina y el sudeste asiático, pero a las que todavía se les resistía la región norteamericana.

Un cambio de paradigma
La llegada no será inmediata, pero ya está en marcha. Según responsables del sector, las tres marcas están trabajando simultáneamente en varios aspectos clave para poder vender vehículos en el país: la homologación técnica de sus modelos, el desarrollo de redes de concesionarios y la creación de acuerdos financieros locales que faciliten su comercialización.
Uno de los principales obstáculos en este proceso es el cumplimiento de los estándares de seguridad y regulación del país, especialmente los Canadian Motor Vehicle Safety Standards. Establecen los requisitos que deben cumplir los vehículos vendidos en Canadá y, además, las marcas también deben adaptarse a otras normativas relacionadas con privacidad de datos, ciberseguridad y homologación tecnológica, un proceso que puede llevar varios meses.
Desde el punto de vista de los consumidores, el nuevo enfoque se ve con buenos ojos. Una encuesta reciente señala que hasta el 70 % de los compradores potenciales en Canadá estaría dispuesto a considerar un vehículo eléctrico de origen chino. A pesar de ello, el desembarco también genera inquietud en parte de la industria local, que considera que la llegada aumentará la presión competitiva del sector.
Canadá se abre a China
La entrada de estos fabricantes coincide con un cambio en la política comercial del país respecto a los vehículos eléctricos procedentes de China. Canadá ha introducido un nuevo sistema de cuotas para la importación de vehículos eléctricos fabricados en China más amigable, tras un reciente reajuste comercial entre Ottawa y Pekín. El acuerdo fue cerrado en enero durante una visita de estado del primer ministro canadiense, Mark Carney, a China, y supone un cambio significativo respecto a la política arancelaria anterior.
Según el nuevo marco, Canadá permitirá la entrada de hasta 49.000 vehículos eléctricos chinos al año aplicando un arancel del 6,1 %, porcentaje que sustituye al previo, que era del 106,1 % y, básicamente, imposibilitaba la venta de coches chinos en la región. Con el nuevo margen se busca un enfoque aperturista, pero con ciertos límites para proteger la industria local.
El acuerdo también establece que la cuota anual aumentará progresivamente hasta alcanzar 70.000 unidades en el quinto año del programa. Además, se ha introducido una condición relevante: para el año 2030, más de la mitad de los vehículos importados deberán tener un precio inferior a 35.000 dólares canadienses, con el objetivo de fomentar la disponibilidad de coches eléctricos asequibles para los consumidores.
El proceso administrativo para importar estos vehículos comenzó oficialmente el 1 de marzo, cuando el departamento de Global Affairs Canada abrió el sistema de permisos. La primera mitad de las licencias, un total de 24.500 permisos de importación, se concede por orden de solicitud hasta el 31 de agosto. Posteriormente se liberará una segunda tanda del mismo tamaño que cubrirá el periodo comprendido entre septiembre y febrero de 2027.
Cada permiso está vinculado a un envío específico, tiene una validez máxima de 60 días y puede solicitarse hasta 30 días antes de la llegada prevista del barco al puerto canadiense. Además, solo pueden presentar solicitudes los fabricantes originales de los vehículos o sus representantes oficiales en Canadá.

