El grafeno, un material formado por una sola capa de átomos de carbono dispuestos en estructura hexagonal, se ha convertido en uno de los grandes focos de investigación para la industria del vehículo eléctrico.
Desde que fue aislado por primera su combinación de ligereza, resistencia mecánica y extraordinaria conductividad eléctrica y térmica ha despertado el interés de fabricantes y proveedores.

Grafeno y coches eléctricos
En el ámbito de la movilidad eléctrica, su aplicación más prometedora se centra en las baterías, donde puede actuar como aditivo en ánodos y cátodos para mejorar la densidad energética, acelerar los tiempos de carga y reducir la degradación. También se investiga su integración en supercondensadores híbridos, con el objetivo de ofrecer entregas de potencia más rápidas, algo especialmente relevante en entornos urbanos y en vehículos sometidos a ciclos intensivos de arranque y frenada.
Más allá del almacenamiento energético, el grafeno empieza a abrirse paso en otros componentes clave del vehículo eléctrico. Su elevada conductividad térmica permite diseñar sistemas de gestión térmica más eficientes, fundamentales para mantener la batería en rangos óptimos de temperatura y prolongar su vida útil. Asimismo, su resistencia y bajo peso lo convierten en candidato para refuerzos estructurales en carrocerías y chasis, contribuyendo a reducir masa sin comprometer seguridad, un factor crítico para aumentar la autonomía.
Se obtiene principalmente por exfoliación del grafito, mecánica o química, separando capas hasta aislar láminas de un átomo de espesor, método popularizado por investigadores de la Universidad de Mánchester en 2004. A escala industrial también se produce por deposición química de vapor (CVD), haciendo crecer una capa de carbono sobre sustratos metálicos como cobre o níquel a alta temperatura.
Ahora, la Universidad de Sydney (UNSW Sydney) ha presentado un método para transformar residuos agrícolas, concretamente las cáscaras de cacahuete, en grafeno de una sola capa, un material conocido por su extrema resistencia y su alta conductividad.
La investigación, liderada por el equipo del profesor Guan Yeoh, estudia cómo un residuo abundante y poco aprovechado puede convertirse en materia prima para baterías, electrónica flexible y dispositivos de almacenamiento energético.
El trabajo parte de una observación simple: las cáscaras de cacahuete contienen lignina, un polímero vegetal con alto contenido en carbono. Aprovechando esa composición, los investigadores muelen las cáscaras y las someten a un tratamiento térmico en dos fases para obtener un material carbonoso apto como precursor de grafeno.
La primera etapa consiste en calentar las cáscaras a aproximadamente 500 °C durante cinco minutos, lo que elimina impurezas y genera un carbón rico en carbono. La segunda fase aplica una técnica llamada “flash joule heating”, en la que una descarga eléctrica eleva la temperatura del precursor hasta cerca de 3.000 °C durante apenas unos milisegundos; ese pulso térmico reorganiza los átomos de carbono hasta formar capas individuales de grafeno.
A diferencia de muchos procesos industriales, el método descrito evita el uso de productos químicos como el negro de carbono y reduce el número de pasos y la energía necesarios para obtener grafeno de alta calidad. Según los autores, todo el procedimiento puede completarse en torno a diez minutos, lo que lo hace competitivo frente a alternativas más intensivas en tiempo y recursos.
Los responsables del estudio subrayan que el grafeno que se obtiene cumple las condiciones básicas que lo hacen atractivo en aplicaciones tecnológicas: una sola capa atómica con mínimas imperfecciones, alta conductividad eléctrica y térmica, y una relación resistencia-peso muy favorable. Los autores recuerdan que el grafeno es “cientos de veces más resistente que el acero”. Estas propiedades lo sitúan como candidato para mejorar electrodos de baterías, componentes de sensores y pantallas táctiles flexibles.
El equipo probó el protocolo con cáscaras de cacahuete como caso de estudio por su disponibilidad global: se estima que la producción anual de cultivo de cacahuete alcanza unos 55 millones de toneladas, y la mayor parte de la cáscara acaba en aplicaciones de bajo valor o en desecho. Aprovechar ese volumen como feedstock podría convertir un residuo en un insumo económicamente interesante y con menor huella ambiental que los métodos convencionales basados en derivados del petróleo.
Los investigadores señalan además que la clave del éxito está en la “ingeniería del precursor”: el pretratamiento térmico del residuo prioriza la eliminación de contaminantes y optimiza la estructura del carbón para que el pulso de alta temperatura produzca capas continuas de grafeno con pocos defectos. Esa optimización del precursor es, según el equipo, la condición necesaria para garantizar las propiedades eléctricas y mecánicas del material final.

Aunque los experimentos actuales han producido cantidades pequeñas (los ensayos son de laboratorio, los autores son optimistas sobre la escalabilidad. Indican que, con desarrollo adicional, el proceso podría llevarse a producción comercial en un plazo estimado de tres a cuatro años. Además, creen que otras fuentes ricas en lignina, como posos de café o cáscaras de plátano, podrían adaptarse al mismo enfoque, abriendo la puerta a un catálogo amplio de biomásicas convertibles en grafeno.
La investigación se ha dado a conocer a través de un comunicado del centro y aparece recopilada en un artículo publicado en la revista Chemical Engineering Journal Advances. Para consultas sobre la nota de prensa contactó Neil Martin, responsable de contenido del centro.
El balance económico y energético figura entre los hallazgos más relevantes: los cálculos del equipo indican que la energía necesaria para producir un kilo de grafeno mediante este método supone un coste aproximado de 1,30 dólares estadounidenses. Esa cifra, junto al tiempo reducido del proceso (alrededor de diez minutos) y la ausencia de reactivos químicos, es la base del argumento para considerar la técnica viable desde el punto de vista industrial y medioambiental.