El desembarco de nuevos fabricantes en Europa ha mostrado en muchas ocasiones que vender un vehículo con tecnología avanzada no basta si no viene acompañado de una buena infraestructura de apoyo. De nada sirve incorporar los últimos avances del mercado si cuando hace falta usar la garantía por alguna razón, el coche pasa semanas parado porque las piezas no llegan.
Consciente de este reto y de las necesidades del comprador europeo, GWM ha diseñado su estrategia de implantación en España pensando en tener lista una red de atención al cliente antes de poner las primeras unidades en la calle. La compañía china prevé alcanzar los 50 puntos de venta antes de final de año, creando una red de atención técnica operativa y capacitada.

Una infraestructura preparada desde el primer día
Para evitar cuellos de botella en la distribución de recambios, un problema recurrente en la llegada de nuevas firmas internacionales, GWM ha articulado una red logística de doble nivel. El suministro de piezas en Europa se apoyará en un almacén central ubicado en Ámsterdam y un centro de distribución en Azuqueca de Henares (Guadalajara), además de contar con la compañía Kühne+Nagel para envíos internacionales. Esta estructura permite optimizar el flujo de repuestos hacia la red oficial, reduciendo los tiempos de espera en taller al mínimo.
En el apartado técnico, la firma tampoco ha dejado margen a la improvisación. Antes de la entrega de los primeros modelos a los clientes, el personal de los talleres oficiales ha completado sus programas de formación especializada. El objetivo es que los mecánicos dominen desde el día uno tanto la mecánica tradicional como los sistemas de alta tensión y gestión de energía de los modelos electrificados.

Garantía ampliada y mantenimiento programado
El respaldo de la marca hacia la fiabilidad de sus vehículos se traduce en un paquete de garantías que busca posicionarse como una de las ofertas más competitivas del sector. La gama GWM llegará al mercado español con una garantía general de fábrica de 7 años o 150.000 kilómetros. Además, la protección contra la corrosión se extiende a 12 años, mientras que la pintura cuenta con una cobertura de 5 años.
Dado el protagonismo de la electrificación en el catálogo de la firma, la batería de tracción y los componentes de alta tensión disponen de una cobertura específica de 8 años o 160.000 kilómetros. Esta cifra asegura la protección frente a eventuales degradaciones prematuras o fallos de fabricación. Y para dar soporte integral, la marca ha alcanzado un acuerdo con el RACE para gestionar el servicio de asistencia en carretera.

En cuanto a la pauta de mantenimiento programado, la marca establece intervalos claros y adaptados a cada tecnología. Los modelos equipados con mecánicas térmicas e híbridas deberán pasar por el taller oficial cada 15.000 kilómetros o un año. Por su parte, los vehículos 100 % eléctricos extienden este plazo de revisión hasta los 20.000 kilómetros o un año, adaptándose al menor desgaste mecánico de la tecnología de cero emisiones.
Un apoyo con alto valor estratégico
Construir una base sólida de posventa antes de la distribución comercial supone un cambio de enfoque en la industria. del automóvil. Hasta hoy, las marcas recién llegadas priorizaban vender sus modelos por encima del soporte técnico, lo que generaba dudas sobre el valor residual de los coches y la disponibilidad de componentes.
GWM no quiere cometer esos errores. La firma busca consolidar la confianza del usuario desde el primer momento, situando la posventa como el elemento determinante para cimentar su reputación a largo plazo.