Las averías relacionadas con la batería suelen multiplicarse cuando llegan las primeras heladas, pero el origen del problema puede encontrarse varios meses atrás. Un vehículo que ha funcionado con normalidad durante todo el verano puede presentar dificultades para arrancar cuando bajan las temperaturas, especialmente si su batería ya ha perdido parte de su capacidad. Sin embargo, el frío no siempre es el responsable directo de ese deterioro.
Las elevadas temperaturas del verano pueden acelerar el envejecimiento de las baterías y reducir su capacidad para almacenar energía, incluso cuando todavía no presentan síntomas evidentes de desgaste. Esta circunstancia explica por qué algunos vehículos comienzan a sufrir problemas eléctricos durante el otoño o el invierno, después de haber soportado durante meses una exposición prolongada al calor. Una situación sobre la que los profesionales del mantenimiento del automóvil están poniendo el foco.

Los mecánicos advierten de que el calor puede ser más perjudicial que el frío
Desde el taller Ferriemoción señalan que existe una percepción equivocada sobre las condiciones que más perjudican a las baterías de los coches. Uno de sus mecánicos explica que los conductores suelen asociar sus fallos con el invierno, cuando las altas temperaturas también pueden acelerar considerablemente su deterioro. «El calor también puede afectar a su rendimiento y acortar su vida útil», advierte el especialista, que recomienda comprobar su estado durante los meses más calurosos del año.
El motivo se encuentra en los procesos químicos que tienen lugar dentro de las baterías convencionales de plomo-ácido. Cuando la temperatura aumenta, las reacciones internas se aceleran y favorecen la corrosión de sus componentes, además de incrementar la pérdida de agua del electrolito. Este deterioro puede reducir progresivamente su capacidad de almacenamiento y acortar su duración, especialmente cuando el vehículo permanece expuesto a temperaturas elevadas durante periodos prolongados.
Para reducir esta exposición, determinados fabricantes instalan la batería en zonas alejadas del compartimento del motor, como el maletero o el espacio situado debajo de los asientos. De esta manera, el componente queda más protegido de las temperaturas que se alcanzan bajo el capó durante la circulación. No obstante, su ubicación depende del diseño de cada vehículo y responde también a otros criterios, como el aprovechamiento del espacio disponible o la distribución del peso.
Por qué algunas baterías terminan fallando cuando llegan las primeras heladas
Las bajas temperaturas afectan de manera diferente al funcionamiento de la batería. Mientras que el calor puede provocar un deterioro permanente de sus componentes internos, el frío reduce temporalmente su capacidad para suministrar corriente y aumenta las exigencias energéticas durante el arranque del motor. Por tanto, una batería debilitada durante el verano puede seguir funcionando aparentemente con normalidad hasta que la llegada del invierno pone de manifiesto la pérdida de rendimiento acumulada.

Por este motivo, los mecánicos recomiendan comprobar el estado de la batería durante los periodos de calor intenso, especialmente antes de realizar desplazamientos largos. Una revisión de su capacidad de arranque, el nivel de carga y el estado de las conexiones puede ayudar a identificar posibles anomalías antes de que provoquen una avería. Desde Ferriemoción insisten en la importancia de realizar estas comprobaciones durante el verano para reducir el riesgo de que el vehículo termine inmovilizado durante un viaje.