El conflicto en Oriente Próximo ha vuelto a sacudir el mercado energético global. La escalada militar en torno a Irán ha provocado un fuerte repunte del precio del petróleo y, con él, una subida generalizada de los combustibles. Sin embargo, el impacto no está siendo igual para todos: el diésel se está encareciendo con mucha más fuerza que la gasolina. Desde el inicio de la crisis, el gasóleo ha llegado a subir alrededor de un 25 %, muy por encima del incremento registrado por la gasolina.
Basta echar un vistazo a las gráficas del portal dieselogasolina.com para verlo claramente: la línea que representa al diésel ha experimentado un crecimiento mucho mayor que el del resto de combustibles. Tomando como referencia principios de mes y ahora, el gasóleo el 1 de marzo estaba, de media en el país, a 1,447 €/l, mientras que hoy 13 de marzo está a 1,830 €/l. En comparación, la gasolina del 95 estaba por aquel entonces a 1,495 €/l y actualmente cuesta 1,707 €/l.

Mientras que la segunda se ha encarecido unos 21 céntimos por litro de combustible, el primero va camino de los 40 céntimos por litro, una diferencia que refleja varios problemas estructurales del mercado energético europeo.
Las causas del rápido encarecimiento del diésel
El primer factor es puramente geopolítico. El conflicto ha afectado a una de las zonas más sensibles del planeta para el comercio de petróleo: el estrecho de Ormuz. Por este paso marítimo transita una parte muy importante del crudo mundial y también de combustibles refinados. Las tensiones en la zona han provocado interrupciones en el transporte y un encarecimiento del petróleo, que se ha acercado a los 100 dólares por barril.
Cuando el precio del crudo sube, todos los carburantes aumentan. Sin embargo, el gasóleo suele reaccionar con más intensidad por la estructura del mercado. El diésel pertenece al grupo de los llamados “destilados medios”, combustibles muy demandados en sectores clave como el transporte por carretera, la maquinaria industrial o la agricultura. Esa elevada demanda hace que cualquier problema de suministro se traduzca rápidamente en subidas de precio.
A esta presión de la demanda se suma una debilidad estructural de Europa: su dependencia del exterior para abastecerse de diésel. Durante décadas, las refinerías europeas se especializaron en producir gasolina porque era el combustible dominante en muchos mercados internacionales. Sin embargo, el parque automovilístico europeo se fue “dieselizando” progresivamente a partir de los años noventa, lo que provocó un fuerte aumento del consumo de gasóleo.
Obligados a importar diésel
El resultado es que Europa consume más diésel del que produce y necesita importarlo masivamente. Gran parte de esas importaciones proceden de Oriente Próximo y otras regiones productoras. Solo en 2025, la Unión Europea y el Reino Unido importaron más de 50 millones de toneladas de diésel y gasóleo, una parte significativa procedente del Golfo Pérsico y transportada precisamente a través del estrecho de Ormuz.
Es por eso que, cuando una crisis como la actual pone en riesgo ese flujo comercial, el mercado europeo es especialmente vulnerable. La incertidumbre sobre los suministros dispara el precio del diésel con más rapidez que el de la gasolina, porque el primero depende más del comercio internacional de productos refinados.
Otro elemento que explica el fenómeno es la propia industria del refinado. El diésel requiere procesos específicos y más exigentes para cumplir las normativas ambientales actuales, como la eliminación casi total del azufre. Estos procesos consumen más energía y encarecen la producción, lo que contribuye a que el precio final sea más sensible a las tensiones del mercado.
Por último, otro factor clave es que el gasóleo tiene un papel central en la economía a nivel global. Es el combustible que mueve la mayor parte del transporte de mercancías por carretera, gran parte del transporte marítimo y una buena parte de la maquinaria agrícola y de construcción. Eso hace que cuando su precio sube, el impacto se transmite rápidamente al coste del transporte y, en última instancia, al precio de muchos bienes de consumo.

