Wallbox anuncia preconcurso de acreedores: una estrategia para ganar tiempo que no tiene por qué convertirse en una quiebra definitiva

La situación de esta empresa española revela las tensiones financieras surgidas en plena transición energética: en el mercado del coche eléctrico crecer rápido ya no basta para sobrevivir.

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Enric Asunción, CEO de Wallbox, la empresa española que se ha declarado en preconcurso de acreedores.
18/03/2026 13:00
Actualizado a 18/03/2026 13:00

Wallbox ha optado por acogerse al preconcurso de acreedores como mecanismo para ganar tiempo y renegociar su deuda con bancos y socios financieros en un contexto de creciente presión sobre su modelo de negocio.

Este movimiento no implica automáticamente un desenlace negativo, pero sí evidencia un desequilibrio entre las expectativas de crecimiento que impulsaron su expansión y la evolución real del mercado del vehículo eléctrico.

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Wallbox fue fundada en 2015.

La rápida expansión de Wallbox

La compañía, con sede en Barcelona y presencia en Europa, Asia y América, comunicó a finales de 2025 el inicio formal de negociaciones con sus acreedores ante el juzgado mercantil número 9 de Barcelona, en el marco de una reestructuración de capital aún en curso.

Durante este proceso, el preconcurso actúa como un escudo legal que impide a los acreedores ejecutar reclamaciones mientras se intenta alcanzar un acuerdo que evite el concurso de acreedores.

El trasfondo financiero es significativo. Wallbox arrastra un pasivo cercano a los 170 millones de euros con entidades como Banco Santander, BBVA, CaixaBank, el ICO o el Institut Català de Finances. A lo largo de 2025, la empresa trató de reforzar su liquidez con una inyección de 15 millones de dólares (unos 13,1 millones de euros) liderada por la Sociedad Española para la Transformación Tecnológica (SETT), aunque este esfuerzo no ha sido suficiente para estabilizar su situación.

Los resultados reflejan esa tensión. La compañía cerró 2025 con unos ingresos de 145,1 millones de euros, un 11 % menos que el año anterior, mientras que las pérdidas, aunque reducidas, se situaron en torno a los 103 millones de euros, un 32 % inferiores.

A pesar de los ajustes de costes y la mejora del EBITDA, que sigue siendo negativo, el negocio continúa dependiendo de financiación externa y de una demanda que no ha crecido al ritmo previsto.

En este contexto, el preconcurso no solo responde a un problema puntual de liquidez, sino a una estrategia para redefinir la estructura financiera. La compañía confía en cerrar un acuerdo de refinanciación en las próximas semanas, en un proceso que podría incluir extensión de vencimientos, nuevas líneas de financiación y aportaciones de capital.

Más allá de las cifras, el origen de la situación está en decisiones estratégicas acumuladas. Como otras empresas surgidas al calor del auge del coche eléctrico, Wallbox apostó por una expansión rápida, especialmente en mercados como Estados Unidos y Alemania, apoyada en inversiones tecnológicas intensivas y una fuerte dependencia de capital externo. Ese modelo requería un crecimiento sostenido de la demanda que finalmente no se ha materializado en los plazos previstos.

El mercado del vehículo eléctrico sigue creciendo, pero lo hace de forma más irregular y dependiente de factores como las ayudas públicas, los ciclos económicos o las decisiones regulatorias. Este desfase entre previsiones y realidad ha tensionado los modelos de negocio de toda la cadena de valor, especialmente en el ámbito de la infraestructura de recarga.

La comparación con otros actores del sector ayuda a contextualizar el caso. Compañías como ChargePoint o Ionity han desarrollado sus redes de forma más progresiva y con el respaldo de grandes grupos industriales (entre ellos BMW, Mercedes-Benz, Ford o Volkswagen) lo que les ha permitido sostener estructuras financieras más estables. Frente a estas estrategias, el crecimiento acelerado de Wallbox ha amplificado los riesgos, situándola en una posición más vulnerable ante cambios en el mercado.

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En 2022, la empresa entró a cotizar en la Bolsa de Nueva York.

El caso no es aislado. Otras empresas del sector, como la británica Trojan Energy, han atravesado dificultades similares, reflejando que la transición energética no solo es una oportunidad industrial, sino también un entorno exigente donde la financiación y la ejecución son determinantes.

En paralelo, Wallbox mantiene su actividad operativa y sigue desarrollando productos y servicios en un mercado que continúa evolucionando. Europa sigue siendo su principal mercado, mientras que Norteamérica ha mostrado un crecimiento del 16 % impulsado por Estados Unidos. La compañía opera en 17 países y cuenta con alrededor de 900 empleados, lo que da dimensión al impacto potencial de su reestructuración.

Con todo, el elemento clave queda para el final: el preconcurso de Wallbox no es solo una maniobra financiera, sino un síntoma de un cambio de fase en el sector del coche eléctrico. La electrificación avanza, pero lo hace con mayor incertidumbre y a un ritmo menos explosivo del que muchas empresas habían anticipado.