Durante años, el crecimiento del coche eléctrico se ha medido por el número de matriculaciones, las fábricas de baterías o los problemas que provoca a fabricantes tradicionales como Volkswagen o Toyota. En China empieza a observarse otra consecuencia mucho más profunda: la electrificación ya está obligando a cambiar a las propias petroleras.
Sinopec, considerada la mayor compañía de refino de petróleo del mundo, acaba de poner en marcha una importante reorganización interna. La razón no es que haya dejado de vender combustible, ni mucho menos, sino que sus ventas han retrocedido hasta niveles que no se veían desde 2017, según información recogida a partir de datos del Gobierno chino.

El año pasado la compañía todavía comercializó aproximadamente 3,6 millones de barriles diarios de gasolina y diésel, principalmente dentro de China. Es una cifra enorme, pero una red construida para manejar semejantes volúmenes puede convertirse también en un problema si la demanda sigue reduciéndose.
Cuando la mitad de los coches nuevos ya no depende de la gasolina
El propio presidente de Sinopec, Hou Qijun, ha reconocido públicamente el cambio que está viviendo el mercado. Su reflexión es bastante sencilla: si una parte cada vez mayor de los coches nuevos necesita poca o ninguna gasolina, seguir aumentando la producción de combustibles deja de ser necesariamente un buen negocio.

China es precisamente el país donde esa transición está avanzando con mayor rapidez. La expansión de los coches eléctricos y de los híbridos enchufables está empezando a recortar el consumo tradicional de combustibles para transporte, algo que se señala como una de las presiones que afronta Sinopec.
No significa que el petróleo vaya a desaparecer a corto plazo. La propia compañía continúa teniendo un negocio gigantesco de exploración, refino, comercialización y petroquímica. Lo que está cambiando es dónde espera encontrar el crecimiento durante los próximos años.
Sinopec prepara el negocio que viene después de la gasolina
La nueva estructura organiza la compañía alrededor de cuatro grandes centros de beneficio que agrupan petróleo, gas y nuevas energías; refino y química; finanzas y negocios estratégicos; y comercialización y comercio internacional.

Sinopec también pretende destinar unos 4.460 millones de dólares entre 2026 y 2030 a nuevas energías y nuevos materiales. Entre sus proyectos aparecen áreas como combustibles sostenibles para aviación, nuevos materiales y tecnologías energéticas de menor contenido en carbono.
El cambio no responde únicamente al coche eléctrico. La compañía también afronta exceso de capacidad en petroquímica, competencia creciente y un mercado energético mucho más complicado. De hecho, pese a estos problemas, su beneficio neto aumentó un 19% durante el primer semestre de 2026.
China empieza a enseñar qué ocurre cuando el eléctrico deja de ser minoritario
Ahí está probablemente lo más interesante para Europa. Mientras los coches eléctricos representan una parte pequeña del parque, su efecto sobre petroleras y estaciones de servicio es limitado. Pero China empieza a mostrar qué sucede cuando millones de coches dejan de consumir gasolina diariamente: el cambio acaba subiendo por toda la cadena energética.
Primero obliga a los fabricantes de automóviles a electrificarse. Después cambia las gasolineras y la infraestructura. Y, cuando alcanza suficiente escala, llega hasta las empresas que refinan el petróleo.
Sinopec continúa siendo un gigante petrolero y seguirá siéndolo durante años. Pero que la mayor refinera del mundo esté rediseñando su negocio mientras sus ventas de combustible regresan a niveles de hace casi una década es una señal difícil de pasar por alto: la transición del automóvil eléctrico empieza a notarse mucho más allá de los concesionarios.