La ciudad de Londres lleva tiempo tratando de contener los robos cometidos con motos y bicicletas eléctricas de altas prestaciones, especialmente los relacionados con teléfonos móviles. El problema para la policía es evidente: muchos sospechosos utilizan vehículos pequeños, rápidos y capaces de abandonar la carretera en segundos, lo que complica enormemente una persecución con un coche patrulla o una motocicleta convencional.
La Metropolitan Police ha optado ahora por reducir esa diferencia utilizando una herramienta muy parecida. Su flota de Sur-Ron pasa de cinco a 25 unidades después de incorporar otras 20 motos eléctricas, con las que los agentes pueden atravesar tráfico congestionado, entrar en calles estrechas y continuar por escaleras o zonas donde otros vehículos policiales no tienen acceso.

Las mismas cualidades que han complicado el trabajo de la policía
Este tipo de moto eléctrica puede alcanzar aproximadamente 80 km/h y combina unas dimensiones reducidas con buenas prestaciones fuera del asfalto. Precisamente esas características explican que vehículos de este formato hayan ganado presencia entre delincuentes dedicados a robos rápidos: permiten acercarse a una víctima y desaparecer entre el tráfico, parques o zonas peatonales antes de que pueda llegar una patrulla convencional.
La nueva flota ya se está utilizando en distritos como Camden, Islington, Hackney, Tower Hamlets o Westminster. Scotland Yard también está combinando estas motos con drones, que permiten mantener localizado a un sospechoso mientras las unidades terrestres continúan la persecución. En dos operaciones recientes, las Sur-Ron permitieron seguir respectivamente a un conductor de una moto eléctrica sin seguro y a otro sospechoso que trataba de escapar en ciclomotor.
La presión policial llega en un momento en el que los robos de móviles muestran cierta mejoría. Reuters cifra en unas 54.000 las denuncias registradas durante los doce meses terminados en mayo, frente a aproximadamente 68.000 en el periodo anterior. La tasa de casos que acaba con una imputación, amonestación u otro resultado considerado positivo por la policía, sin embargo, continúa por debajo del 1%.
Una Sur-Ron no es una bicicleta eléctrica convencional ante la ley
La situación resulta especialmente llamativa porque muchas de las máquinas contra las que actúa la policía pertenecen a la misma categoría de vehículos. En Reino Unido, una bicicleta eléctrica puede acogerse a la regulación EAPC únicamente si tiene pedales, su motor ofrece como máximo 250 W de potencia continua y deja de proporcionar asistencia a partir de 15,5 mph, aproximadamente 25 km/h.

Cuando un vehículo supera esos límites deja de recibir el tratamiento legal de una bicicleta eléctrica y pasa a estar considerado como motocicleta o ciclomotor. Para poder utilizarlo legalmente en carretera debe cumplir requisitos como matriculación, seguro, permiso de conducción y, cuando corresponda, homologación. Por tanto, una Sur-Ron no es ilegal por sí misma, pero sí puede serlo su circulación por vías públicas si no cumple esas obligaciones.
Ese matiz es importante porque la propia Metropolitan Police asegura haber intervenido más de 2.500 bicicletas eléctricas y patinetes ilegales durante 2026, muchos de ellos modificados con baterías o sistemas de mayor potencia. La ampliación de su flota busca precisamente responder a ese fenómeno con vehículos capaces de seguir el mismo recorrido que los sospechosos, eliminando una de las principales ventajas que hasta ahora dificultaba este tipo de persecuciones.