La botadura del Viking Libra inaugura una nueva era en la industria de la navegación recreativa. El primer crucero del mundo diseñado para ser impulsado en parte por hidrógeno, que ha sido botado recientemente en el astillero de Ancona (Italia).
La ceremonia de ‘float‑out’, acto en el que la embarcación es desplazada fuera del dique seco y entra en contacto con el agua por primera vez, representa un avance clave en el proyecto de Viking Cruises para integrar tecnologías limpias en la navegación de pasajeros a gran escala.

Así es el primer crucero del mundo propulsado por hidrógeno
El Viking Libra tiene un volumen interno total de aproximadamente 54.300 toneladas y una eslora de 239 metros, lo que lo sitúa como un barco de tamaño mediano dentro del mercado de cruceros. Asentado sobre un diseño típico de la armadora noruega, incorpora avances tecnológicas pensados para minimizar la huella medioambiental y cumplir con las normativas de cero emisiones en zonas ecológicamente sensibles.
Su sistema de propulsión es híbrido: combina motores convencionales con pilas de combustible alimentadas por hidrógeno licuado, capaces de generar hasta 6 MW de potencia. Estas pilas transforman el hidrógeno en electricidad sin combustión, liberando únicamente vapor de agua como residuo.
El empleo de hidrógeno licuado como fuente principal de energía responde a la creciente demanda de alternativas limpias en el transporte marítimo, impulsada en parte por marcos regulatorios como la iniciativa FuelEU Maritime de la Unión Europea, que exige reducciones significativas en la intensidad de emisiones de gases de efecto invernadero del sector.
El crucero está diseñado para alojar hasta 998 pasajeros distribuidos en 499 camarotes, con instalaciones que incluyen restaurantes, gimnasio y un spa nórdico. La propuesta de Viking es mantener los estándares de confort y experiencia que caracterizan a sus naves, integrando al mismo tiempo soluciones de propulsión ecológicas que puedan operar itinerarios extensos sin depender de combustibles fósiles durante la mayor parte del trayecto.
El uso de hidrógeno en un buque de estas dimensiones es inédito: si bien existen proyectos experimentales de embarcaciones con propulsión alternativa, ninguno hasta ahora había alcanzado este nivel de tamaño y capacidad de pasajeros. Las pruebas en dique seco han sido completadas con éxito, y el Viking Libra se encuentra ahora en la fase final de construcción y pruebas flotantes antes de su entrega oficial.
Calendario de puesta en servicio
La compañía proyecta que el Viking Libra esté listo para su entrega en noviembre de 2026, comenzando su temporada inaugural con cruceros por el Mediterráneo y el norte de Europa. Estos itinerarios incluirán puertos sensibles desde el punto de vista medioambiental, donde la tecnología de cero emisiones permitirá reducir impactos acústicos y atmosféricos que los barcos tradicionales generan.
La intención declarada de Viking es que la transición hacia el hidrógeno (complementaria a otras estrategias de eficiencia energética) sirva de ejemplo para otros operadores. En palabras de Torstein Hagen, presidente y consejero delegado de Viking Cruises, “desde el principio nuestro enfoque en el diseño de barcos se ha centrado en reducir el consumo de combustible, y el Viking Libra es hasta ahora nuestro buque más respetuoso con el medio ambiente”.

Otras experiencias marítimas con el hidrógeno
El lanzamiento del Viking Libra se da en un momento en que la industria naval, dominada por grandes astilleros europeos como Fincantieri (Italia), Chantiers de l’Atlantique (Francia) o Meyer Werft (Alemania), busca alternativas al combustible fósil.
Los avances en gas natural licuado (GNL) han sido previos pasos hacia la reducción de emisiones, con buques como el AIDAnova de AIDA Cruises que opera con GNL desde 2018, pero el hidrógeno representa un salto tecnológico aún mayor por su potencial de emisiones prácticamente nulas.
Las regulaciones europeas, como la mencionada FuelEU Maritime, empujan al sector a transitar hacia combustibles renovables y tecnologías hipocarbónicas, planteando reducciones de emisiones de hasta un 80 % para 2050 y obligando a los buques a conectarse a energía en puerto para cubrir sus necesidades eléctricas a partir de 2030.
En este escenario, la experiencia con el Viking Libra puede influir tanto en futuras normas como en decisiones de inversión de otras navieras interesadas en descarbonizar su flota, dado que la industria del transporte marítimo representa una parte importante de las emisiones globales del sector del transporte.