El consejo de administración de Morrow Batteries y sus principales subsidiarias ha resuelto solicitar el concurso de acreedores ante el tribunal del distrito de Agder, en Noruega. Esta decisión marca el colapso de uno de los proyectos más ambiciosos del país nórdico para la soberanía energética europea. A pesar de haber declarado el inicio de su producción en serie en enero de 2026, la empresa no ha podido superar una crisis de liquidez terminal que ha consumido casi 2.000 millones de coronas noruegas en préstamos (185 millones de euros).
La caída de Morrow se suma a las de otros gigantes regionales como Northvolt, evidenciando la extrema dificultad de los nuevos actores europeos para escalar la producción de hardware químico en un entorno de mercado global saturado y con una presión de precios asfixiante liderada por los fabricantes asiáticos. En 2025, China produjo el 80% de las baterías para vehículos eléctricos de todo el mundo. Gigantes como CATL y BYD controlan la cadena con un dominio casi absoluto.
Causa del colapso: son demasiado pequeños

La dirección de Morrow ha citado una "tormenta perfecta" de factores externos e internos que han hecho inviable la continuidad mecánica e industrial de la compañía. Según el comunicado oficial, los esfuerzos por asegurar un nuevo inversor industrial estratégico alcanzaron fases avanzadas, pero no pudieron concluirse a tiempo debido al agotamiento de la caja. Sencillamente, Morrow Batteries era demasiado pequeña para competir en un mercado de consolidación.
Su planta, inaugurada en el verano de 2024 en su sede de Arendal, produce celdas LFP prismáticas y tiene una capacidad anual de tan solo 1 GWh. Esto dista mucho de ser suficiente para abastecer a un importante fabricante de automóviles, ya que solo cubre alrededor de 25.000 coches pequeños con una batería de 40 kWh. En comparación, la filial de VW, PowerCo, afirma que su nueva fábrica de celdas en Salzgitter tiene una capacidad anual de 20 GWh, suficiente para aproximadamente 250.000 coches pequeños.
Morrow Batteries, respaldada parcialmente por Siemens, tenía previsto construir una gigafábrica con más capacidad. La empresa noruega tenía la intención de ampliar su planta de Arendal en cuatro fases hasta alcanzar una capacidad total de 43 GWh. Sin embargo, los planes nunca se podrán concluir, ya que Morrow no ha sido capaz de conseguir los inversores adecuados. Incluso ampliar la planta existente de 1 GWh resultó difícil, y al parecer nunca llegó a la producción en serie.
Activos y tecnología: ¿Qué queda de Morrow?

El administrador judicial designado por el tribunal asumirá ahora el control de los activos físicos e intelectuales de la firma. Aunque la empresa se encamina a la liquidación, existe la posibilidad de que parte de su infraestructura industrial y tecnología sea adquirida por otro actor del sector. Los activos más valiosos incluyen la propia factoría de Arendal: Una instalación moderna equipada con maquinaria de última generación para la fabricación de celdas LFP -aunque con muy baja capacidad de producción-.
Según la dirección, al menos una parte de la empresa podría sobrevivir. Su intención es brindar todo su apoyo al administrador concursal en las medidas para preservar el valor e implementar soluciones que permitan la continuidad de algunas partes del negocio. Morrow había logrado interesantes avances en tecnología de cátodos LNMO-X (libre de cobalto y bajo en níquel) y celdas enriquecidas con grafeno. Además, aunque a pequeña escala, había firmado acuerdos de suministro a largo plazo con empresas de defensa y firmas como la finlandesa Proventia, que ahora quedan en el aire.
Un aviso para la soberanía energética de Europa
La insolvencia de Morrow Batteries, tras seis años de actividad desde su fundación en 2020, deja una profunda herida en la estrategia de baterías de la Unión Europea y Noruega. Mientras Estados Unidos atrae inversiones mediante incentivos fiscales y China domina por costes de escala, las startups europeas se encuentran en un limbo financiero donde la innovación tecnológica no es suficiente para garantizar la supervivencia mecánica. El cierre de esta factoría subraya que el camino hacia la independencia energética del continente requiere no solo talento de ingeniería, sino un respaldo financiero y político mucho más robusto frente a la realidad del mercado.