Toyota no quiere que se le encasille y, aunque durante años ha defendido una estrategia distinta a la de buena parte de la industria, menos obsesionada con el coche eléctrico puro y mucho más apoyada en los híbridos, los híbridos enchufables, el hidrógeno y otras tecnologías capaces de reducir emisiones según el mercado y el uso real de cada cliente, esa postura, que le ha valido críticas por parte de quienes consideran que ha sido demasiado prudente con los eléctricos, también le ha permitido atravesar con más tranquilidad una etapa en la que muchos rivales han tenido que revisar sus planes, aplazar inversiones o volver a reforzar sus gamas híbridas.
Ahora, con Kenta Kon ya al frente de Toyota, la compañía ha querido dejar claro que su apuesta por los híbridos no significa un rechazo al coche eléctrico, sino más bien una forma distinta de entender la transición energética, y el nuevo presidente y consejero delegado de la marca ha defendido que Toyota seguirá fabricando los coches que pidan sus clientes, una posición que resumió durante la presentación de resultados con una frase especialmente significativa: “Si nuestros clientes quieren eléctricos, les entregaremos buenos eléctricos”.

Toyota no quiere elegir una sola tecnología
La declaración llega en un momento especialmente delicado para la industria, porque el crecimiento del coche eléctrico se mantiene, pero lo hace a ritmos muy diferentes según el país, la infraestructura de carga, los incentivos públicos, el precio de la energía y el poder adquisitivo de los compradores, mientras que, en paralelo, los híbridos viven una segunda juventud en mercados donde muchos conductores quieren reducir consumo y emisiones sin depender todavía de un punto de carga.
Toyota se siente cómoda en ese escenario porque lleva más de dos décadas construyendo una imagen muy sólida alrededor de la hibridación y, a diferencia de otros fabricantes, nunca ha querido presentar el coche eléctrico como la única respuesta posible, sino como una solución más dentro de un abanico tecnológico en el que, según defiende la compañía, no todos los clientes tienen las mismas necesidades ni todos los países están preparados al mismo ritmo para una electrificación completa.
Esa estrategia, conocida dentro de Toyota como enfoque multitecnológico, permite a la compañía vender híbridos autorrecargables, híbridos enchufables, eléctricos de batería, modelos de hidrógeno y vehículos térmicos más eficientes en función de cada región, una fórmula que la marca japonesa no presenta como una manera de retrasar la electrificación, sino como una forma de adaptarla a la realidad de cada mercado y evitar que una parte de los clientes quede fuera de la transición por precio, infraestructura o tipo de uso.

Los números explican por qué Toyota no tiene prisa por abandonar esa fórmula, ya que en el último ejercicio fiscal las ventas de vehículos electrificados de Toyota y Lexus superaron por primera vez los cinco millones de unidades, con una inmensa mayoría de híbridos, que alcanzaron los 4,62 millones de unidades, frente a 175.000 híbridos enchufables y 243.000 eléctricos de batería, lo que demuestra que Toyota vende muchos más coches electrificados que eléctricos puros y que su fortaleza actual sigue estando claramente en la hibridación.
Pero también hay un dato que muestra un cambio de ritmo, porque las ventas de eléctricos de batería crecieron con fuerza y Toyota prevé que sigan haciéndolo, hasta el punto de estimar unas 598.000 unidades eléctricas de batería para el ejercicio fiscal 2027, más del doble que en el periodo anterior, una cifra que todavía no la sitúa al nivel de los grandes especialistas del coche eléctrico, pero que sí confirma que la compañía está acelerando su ofensiva sin renunciar a su discurso de prudencia tecnológica.
La diferencia está en el tono, ya que mientras otros fabricantes presentaron calendarios muy ambiciosos para convertirse en marcas cien por cien eléctricas en plazos relativamente cortos, Toyota ha preferido mantener una posición más flexible, una prudencia que hace apenas unos años podía parecer conservadora, pero que empieza a leerse de otra manera en un mercado donde varias marcas han ralentizado lanzamientos, aplazado inversiones o reforzado de nuevo sus gamas híbridas para responder a una demanda más irregular de lo previsto.
Kon ha heredado una Toyota que se encuentra en una posición singular, porque por un lado es el mayor fabricante de automóviles del mundo y uno de los grandes beneficiados por el auge de los híbridos, pero por otro no puede permitirse quedar fuera de la carrera eléctrica, especialmente en China, Europa y Norteamérica, donde los coches de batería son ya una pieza estratégica para cumplir normativas, atraer nuevos clientes y competir con fabricantes locales cada vez más agresivos en precio, tecnología y velocidad de desarrollo.
Por eso la frase del presidente de Toyota tiene más lectura de la que parece, porque no suena a renuncia a los eléctricos, sino a una advertencia de que Toyota no quiere fabricarlos por obligación o por moda, sino cuando considere que puede hacer coches competitivos, rentables y adaptados a lo que sus clientes esperan de la marca, lo que en la práctica significa que la compañía japonesa quiere llegar quizá más tarde que algunos rivales, pero no necesariamente peor.
El reto es enorme, porque Toyota tiene que demostrar que puede trasladar al coche eléctrico los valores que han sostenido su reputación durante décadas, como la fiabilidad, la eficiencia, la durabilidad y la facilidad de uso, y en un eléctrico eso no depende solo de montar una batería grande, sino también de acertar con el software, la gestión térmica, la eficiencia aerodinámica, los costes, la red comercial y una experiencia de carga que no frustre al usuario.

Europa será uno de los escaparates más importantes para medir esa evolución, ya que Toyota ha reforzado su ofensiva eléctrica con modelos como el bZ4X actualizado, el C-HR+ y el Urban Cruiser eléctrico, productos que buscan ocupar segmentos de volumen y que deben ayudar a la marca a ganar presencia en un mercado donde el cliente de Toyota ya está muy acostumbrado a la electrificación, aunque principalmente a través de híbridos.
El caso europeo es especialmente interesante porque la marca presume de una cuota muy elevada de ventas electrificadas, lo que le permite llegar al coche eléctrico desde una base de clientes que ya asocia Toyota con bajo consumo y transición energética, aunque la dificultad estará en convencer a esos compradores de que el siguiente paso puede ser un eléctrico puro sin perder la practicidad, la fiabilidad y la sensación de compra racional que durante años les ha llevado a elegir un híbrido.
El mensaje de Toyota, por tanto, no es que el coche eléctrico no sea importante, sino que no será el único camino, y en un momento en el que la industria empieza a asumir que la transición energética será más irregular, más cara y más compleja de lo que parecía hace unos años, esa posición puede resultar menos defensiva y mucho más estratégica de lo que algunos críticos pensaban.
Toyota seguirá vendiendo híbridos mientras haya demanda, seguirá desarrollando eléctricos donde el mercado los pida y mantendrá abiertas otras vías como el hidrógeno o los combustibles neutros en carbono, una estrategia que quizá no sea la más llamativa ni la más fácil de resumir en un gran anuncio corporativo, pero que encaja con una idea muy japonesa de la automoción: avanzar sin romper lo que funciona.
