La escalada de tensión en Oriente Próximo ha devuelto al primer plano una vieja debilidad del transporte por carretera en Europa. La fuerte dependencia del diésel sigue dejando a las flotas de camiones expuestas a cualquier sacudida del mercado petrolero, con un impacto casi inmediato en los costes de explotación.
Esa es la advertencia que lanza un análisis de Transport & Environment, que pone cifras concretas al problema en Alemania. La organización ecologista estima que la actual volatilidad de los precios del crudo elevará en unos 1.210 euros al mes el gasto medio en combustible de cada camión diésel, un golpe especialmente sensible en un sector que suele moverse con márgenes muy estrechos.

El diésel vuelve a enseñar su fragilidad
Frente a ese escenario, T&E sostiene que el camión eléctrico ofrece una mayor protección frente a las crisis energéticas vinculadas al petróleo. Su cálculo apunta a que el coste energético mensual de un vehículo pesado eléctrico aumentaría en Alemania en torno a 460 euros, una subida claramente inferior que dejaría una ventaja total de 1.760 euros frente al equivalente diésel.
La conclusión del informe es que el encarecimiento del petróleo no afecta por igual a todas las tecnologías. Mientras el camión diésel queda directamente ligado a la evolución del barril, el eléctrico mantiene una exposición más limitada y, por tanto, una mayor estabilidad operativa. Para una empresa de transporte, esa diferencia puede ser decisiva cuando el combustible representa cerca de un tercio de sus costes y el margen apenas ronda el 2%.
T&E añade además que ese colchón económico podría ser todavía mayor si las compañías reducen su dependencia de la red mediante instalaciones propias de energía solar y sistemas de almacenamiento con baterías. En ese caso, la electrificación no solo serviría para contener el impacto de una crisis internacional, sino también para rebajar de forma estructural la factura energética.

En ese contexto se enmarcan las declaraciones de Johanna Braun, representante de T&E Alemania en esta materia. La experta sostiene que la crisis de Irán vuelve a evidenciar hasta qué punto los camiones diésel son vulnerables a las oscilaciones del mercado petrolero, mientras que los eléctricos muestran una mayor resistencia y un coste de uso más bajo.
Braun también carga contra la posición de parte de la industria europea del vehículo industrial. A su juicio, relajar los límites de emisiones para las flotas de vehículos comerciales solo retrasaría la producción en masa de camiones eléctricos, un factor clave para reducir su precio de compra y acelerar su implantación en el mercado.
La organización recuerda además que el peso de los camiones en el consumo de petróleo europeo es mucho mayor de lo que su número sugiere. Aunque representan apenas el 2% del total de vehículos, concentran cerca del 20% del petróleo utilizado en el transporte por carretera dentro de la Unión Europea. Eso explica por qué cualquier tensión en los mercados energéticos acaba trasladándose con rapidez a la economía real a través de la logística.
Desde esa perspectiva, T&E defiende que endurecer y mantener los límites de CO2 para las flotas no es solo una cuestión climática, sino también industrial y geopolítica. Según su análisis, esta regulación podría recortar en un 22% la dependencia europea de las importaciones de petróleo en 2035 y generar un ahorro acumulado de 28.000 millones de euros.
La entidad advierte, en cambio, de que unos objetivos de emisiones debilitados pueden frenar la electrificación del transporte pesado y prolongar la dependencia de combustibles fósiles importados. Dicho de otro modo, retrasar el cambio tecnológico no abarataría el transporte a medio plazo, sino que podría dejar a Europa más expuesta a futuras crisis de precios.
Para llegar a estas conclusiones, el informe trabaja con un escenario en el que el precio medio del diésel en las gasolineras alemanas se mantiene en torno a los dos euros por litro, un nivel similar al visto durante la crisis energética de 2022, cuando el petróleo rondó los 100 dólares por barril. En la práctica, eso equivaldría a un incremento medio del 33% frente al precio medio registrado en 2025.

En paralelo, T&E asume que el precio medio de la electricidad para consumidores comerciales en Alemania subiría un 17% a medio plazo respecto al primer semestre de 2025. La organización basa esta hipótesis en lo ocurrido en 2022, cuando los precios mayoristas de la electricidad se dispararon con rapidez, mientras que el coste final para los consumidores aumentó de manera más gradual a lo largo de dos o tres años.
En un momento en el que la seguridad energética vuelve a ser una cuestión estratégica para Europa, el camión eléctrico no aparece solo como una alternativa de cero emisiones, sino también como una herramienta para ganar resiliencia económica. Y esa idea, en plena incertidumbre internacional, puede convertirse en uno de los argumentos más potentes para acelerar su despegue.
