Una recarga pública de unos 40 kWh difícilmente debería convertirse en una factura de varios cientos de euros. Incluso utilizando algunos de los cargadores más potentes y caros de España, una cantidad de energía similar puede moverse alrededor de los 20 o 30 euros pero, sin embargo, un conductor estadounidense recibió inicialmente un cargo de 418 dólares, unos 360 euros, tras conectar durante 44 minutos un Chevrolet Bolt de alquiler.
La elevada factura no se debió a una avería del vehículo ni a un fallo en el suministro de energía. El origen estaba en las condiciones configuradas para el cargador elegido y, sobre todo, en que ese punto aparecía disponible dentro de la aplicación de EVgo pese a que el concesionario donde estaba instalado pretendía reservarlo para sus propios clientes y vehículos.

Una tarifa creada para evitar que cualquiera utilizara el cargador
El caso ocurrió en Michigan. Stanley Kpenkann regresaba a casa después de haber llevado a un amigo al aeropuerto cuando comprobó que la batería del Chevrolet Bolt que había alquilado no sería suficiente para completar el trayecto. Para localizar una estación cercana recurrió a EVgo, cuya aplicación le mostró un punto situado en un concesionario Hyundai de Macomb Township.
El cargador pertenecía a ChargePoint, pero podía activarse mediante la cuenta de EVgo gracias al acuerdo de interoperabilidad existente entre ambas redes. La sesión duró 44 minutos y suministró aproximadamente 39,6 kWh, pero la sorpresa llegó posteriormente: el establecimiento había configurado una tarifa de 5 dólares por cada minuto conectado y otros 5 dólares por cada kWh consumido.
El resultado fueron 220 dólares únicamente por permanecer enchufado durante esos 44 minutos y otros 198 dólares por la electricidad utilizada. El concesionario explicó posteriormente que esos precios extraordinariamente altos buscaban disuadir a conductores externos, ya que el cargador estaba destinado a sus clientes y vehículos. Según el establecimiento, las tarifas también figuraban en la pantalla del propio terminal.
El problema fue que la aplicación permitía utilizarlo como cualquier otro punto
La situación era especialmente llamativa porque el cargador no estaba completamente aislado de las redes públicas. EVgo confirmó que el emplazamiento tenía habilitado el roaming con ChargePoint, por lo que sus usuarios podían iniciar allí una recarga desde su propia cuenta. La compañía también señaló que el precio no lo establecía EVgo, sino el propietario de la estación, en este caso el concesionario.
Kpenkann reclamó precisamente por esa contradicción: el establecimiento consideraba el punto reservado para uso interno, pero este continuaba apareciendo como una alternativa accesible desde una aplicación pública. Tras varias gestiones y después de que el caso llegara a la cadena local WXYZ, EVgo terminó realizando una devolución de 405 dólares. El importe final quedó reducido a 13,27 dólares, que según la compañía era lo que habría costado la sesión con el plan contratado por el conductor.
En España, una recarga equivalente estaría muy lejos de esa cifra

La comparación con las principales redes españolas permite medir la excepcionalidad del importe. Repsol establece actualmente un precio de 0,48 euros/kWh para la carga rápida y 0,56 euros/kWh para la ultrarrápida, aunque advierte de que las tarifas pueden variar dependiendo del operador y del punto utilizado. Con 39,6 kWh, la operación equivaldría aproximadamente a entre 19 y 22 euros.
Iberdrola | bp pulse sitúa sus tarifas públicas entre 0,35 euros/kWh para carga lenta y 0,67 euros/kWh en estaciones de más de 200 kW. Incluso tomando como referencia este último precio, suministrar los mismos 39,6 kWh supondría unos 26,5 euros. El caso estadounidense terminó así con una factura inicial más de diez veces superior incluso a algunas de las opciones de recarga pública más caras disponibles actualmente en España.