Después de recorrer 240.000 kilómetros con 1.000 vehículos, así se degradan realmente las baterías y la autonomía de los coches eléctricos

Los datos reales desmontan uno de los mayores miedos del coche eléctrico: el envejecimiento de la batería y la pérdida de la autonomía original.

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Un nuevo informe pone sobre la mesa la pérdida de autonomía de las baterías tras un gran uso.
30/01/2026 11:00
Actualizado a 30/01/2026 11:00

La degradación de las baterías sigue siendo uno de los argumentos más utilizados por los detractores del coche eléctrico. Sin embargo, los datos reales empiezan a contar una historia muy distinta. Un análisis reciente basado en vehículos eléctricos con más de 240.000 kilómetros demuestra que la pérdida de autonomía es mucho menor de lo que muchos conductores temen.

El estudio ha sido elaborado por Recurrent, una empresa especializada en telemetría que monitoriza miles de coches eléctricos en todo el mundo. En esta ocasión, la compañía ha analizado el comportamiento real de cerca de 1.000 vehículos con alto kilometraje, comparando su autonomía actual con la que ofrecían cuando eran nuevos, no con las cifras oficiales de homologación.

La tecnología ha cambiado las reglas del juego

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El informe se ha realizado tras analizar miles de vehículos.

Los resultados dejan claro que el avance tecnológico de la última década ha sido decisivo. Mientras que los modelos más antiguos acusan una mayor pérdida de autonomía, los eléctricos modernos mantienen gran parte de su capacidad incluso tras cientos de miles de kilómetros.

Los vehículos más veteranos del análisis, fabricados en 2012, conservan de media un 81% de su autonomía original tras recorrer 240.000 kilómetros. En cambio, los modelos producidos en 2023 retienen aproximadamente el 91% de su capacidad inicial con el mismo uso. Es decir, una diferencia de diez puntos porcentuales a favor de los eléctricos más recientes.

Este progreso se explica por mejoras clave en la química de las baterías, los sistemas de refrigeración, la gestión térmica y las estrategias de protección del propio acumulador, factores que han convertido a la tercera generación de coches eléctricos en productos mucho más duraderos y fiables.

Ejemplos concretos que desmontan el alarmismo

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Cuanto más moderno es el coche eléctrico, menor degradación sufre la batería tras un alto kilometraje.

Llevado a la práctica, el impacto es menos dramático de lo que suele imaginarse. Un Tesla Model 3 que ofrecía unos 435 kilómetros reales de autonomía cuando salió de fábrica en 2023 puede seguir recorriendo alrededor de 400 kilómetros tras 240.000 kilómetros de uso. En el extremo opuesto, un Nissan Leaf de 2015, con una batería mucho más pequeña y sin refrigeración líquida, pasa de unos 108 kilómetros reales a unos 90 kilómetros tras ese mismo recorrido.

La diferencia no solo está en la degradación, sino también en el tamaño y la tecnología de las baterías con las que parten los modelos más antiguos.

Sustituir la batería: cada vez más raro

Otro dato clave del informe es la tasa de sustitución de baterías. En los coches eléctricos de última generación, fabricados a partir de 2022, solo el 0,3% ha necesitado un reemplazo de batería hasta la fecha, excluyendo campañas de retirada. En la generación anterior, entre 2017 y 2021, el porcentaje sube al 2%, mientras que en los primeros eléctricos de gran volumen alcanza el 8,5%.

Según Recurrent, la industria ya espera que los coches eléctricos actuales funcionen sin problemas graves de batería durante al menos 15 años. Y en caso de fallos, lo habitual es que estén ligados a defectos de fabricación cubiertos por garantía.

Menos miedo y más kilómetros

Además, el coste de las baterías ha caído de forma drástica en la última década, reduciendo el impacto económico incluso fuera de garantía. Todo apunta a que la ansiedad por la degradación ya no encaja con la realidad tecnológica actual.

Para los conductores, el mensaje es claro: los coches eléctricos están hechos para durar, y la batería ya no es el talón de Aquiles que muchos siguen imaginando.