Esta batería de sodio no solo es revolucionaria por duplicar la energía que almacena, sino por hacer potable el agua del mar

Con un sencillo ajuste en el cátodo, los Investigadores han logrado “un rendimiento y estabilidad mayores de lo esperado creando nuevas e interesantes posibilidades de uso para estas baterías”.

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Este avance podría acelerar el desarrollo de las baterías de iones de sodio como alternativa viable a las de litio.
02/01/2026 12:00
Actualizado a 02/01/2026 12:00

Un equipo de investigadores del Reino Unido ha anunciado un importante avance para las baterías de sodio que, según sus pruebas, podría acelerar el desarrollo de alternativas más baratas y sostenibles a las actuales de iones de litio.

El equipo de la Universidad de Surrey ha demostrado que, al conservar el agua presente de forma natural en cierto material catódico (en vez de eliminarla) se obtiene un electrodo con capacidad notablemente superior y estabilidad adecuada para cientos de ciclos.

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Las baterías de sodio han sido durante años una de las grandes promesas del sector.Chat GPT

Un sencillo ajuste que lo cambia todo

La innovación se centra en un compuesto denominado óxido de sodio y vanadio (nanostructured sodium vanadate hydrate, NVOH). La técnica, publicada en la revista Journal of Materials Chemistry A, consiste en mantener el estado hidratado del material, lo que facilita la inserción y extracción de iones sodio y mejora las propiedades electroquímicas del cátodo.

En ensayos de laboratorio, la versión “húmeda” del material almacenó casi el doble de carga que versiones convencionales de sodio, con tiempos de carga más cortos y una retención de capacidad a más de 400 ciclos.

Un hallazgo adicional y poco habitual: el sistema también mostró capacidad de desalinización eléctrica. Al operar con electrolito salino, el electrodo de NVOH extrajo sodio de la solución mientras un contraelectrodo captaba cloro, un proceso que simultáneamente almacena energía y reduce la salinidad del agua. Los autores sugieren que, en el futuro, tecnologías híbridas podrían combinar almacenamiento y tratamiento de agua en ambientes costeros.

¿Por qué es importante para los vehículos eléctricos?

La respuesta pasa por el coste y la disponibilidad de materias primas. El sodio es abundante y barato ya que se obtiene fácilmente a partir de sales comunes, y evita la dependencia de minerales más escasos y caros que requieren cadenas de suministro complejas.

Esa economía de materiales convierte las baterías de sodio en candidatas naturales para almacenamiento estacionario (redes, renovables) y, en determinados usos, para vehículos con exigencias de densidad energética más moderadas. Sin embargo, las baterías de sodio suelen ofrecer hoy densidades energéticas inferiores a las de ion-litio, una limitación que todavía condiciona su incorporación masiva en turismos de larga autonomía.

La comunidad científica y la industria llevan años desarrollando soluciones complementarias (ánodos de carbono duro, electrolitos sólidos y nuevos cátodos) para acortar la brecha con las baterías de litio. El avance de Surrey no borra esos retos, pero aporta una senda prometedora: mejorar la capacidad y simplificar procesos de fabricación al evitar pasos de deshidratación que encarecen el proceso. Si la mejora se traslada con fidelidad a celdas comerciales y a pilas a gran escala, el impacto sería relevante en costes y seguridad.

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Celda de desalinización en funcionamiento.

En el plano industrial, ya existen movimientos claros: empresas como Natron y otros actores planean o están levantando plantas de producción de baterías de sodio, especialmente orientadas al almacenamiento estacionario, y las inversiones en la materia han subido en los últimos años.

No obstante, tal y como informa Reuters, organismos como la Agencia Internacional de la Energía prevén que, aunque la cuota de sodio crecerá, su participación en baterías para vehículos eléctricos seguirá siendo minoritaria a corto plazo. Es decir: potencial alto para redes y nichos de movilidad, pero transición paulatina en turismos de gran autonomía.

Los autores del estudio, y la propia Universidad de Surrey, insisten en la prudencia: los resultados son prometedores en laboratorio, pero deben confirmarse en prototipos comerciales, con pruebas de seguridad, envejecimiento y escalado industrial.

Además, la viabilidad económica dependerá de factores externos como el precio de metales, costes de manufactura y demandas concretas del mercado del automóvil que condicionarán la velocidad con la que esta tecnología pueda complementar o desplazar a las soluciones actuales.

La noticia invita a vigilar una evolución que podría rebajar precios y mejorar la sostenibilidad del almacenamiento energético. Si los próximos pasos validan la transferencia industrial del material hidratado, la cada vez más competitiva familia de las baterías de sodio podría convertirse en un actor clave, sobre todo en aplicaciones donde la relación coste/seguridad es prioritaria y, a medio plazo, en una alternativa real para ciertos segmentos de la movilidad eléctrica.