La Unión Europea ha definido metas ambiciosas para reducir las emisiones del transporte público y privado en las próximas décadas. Sin embargo, el progreso entre países es profundamente desigual. Mientras algunas regiones avanzan a pasos agigantados (como Alemania), en otras el calado de los vehículos eléctricos es significativamente menor. Un estudio publicado por Transport & Mobility Leuven (TML) así lo atestigua.
Este ha sido un informe referente al cuarto trimestre, dentro del conglomerado de países que forman la UE. Como referencia, el TML es una ramificación dirigida por la propia ACEA (Asociación Europea de Fabricantes de Automóviles). En dicho texto se apunta la necesidad imperiosa de modivicar grandes apartados si se quiere llevar a cabo una transición equivalente entre países.

La electromovilidad no cala tanto en unas zonas como sí lo hace en otras
El estado actual lo bautizan como “a dos velocidades”. En él se reflejan las diferencias importantes en adopción de vehículos eléctricos, despliegue de puntos de recarga, incentivos financieros y capacidad de inversión en tecnologías limpias. Aunque la electrificación avanza, la transición no es lineal. Para el informe, los países del norte y oeste de Europa muestran progresos sólidos, mientras que los del sur y los del este todavía están muy por detrás en los elementos clave.
Algunas naciones ya muestran niveles de adopción de coches eléctricos que superan con creces la media europea. Ejemplo de ello son países como Noruega, Países Bajos, Suecia y Bélgica. Estos han conseguido que una parte muy significativa de sus matriculaciones sean vehículos eléctricos, gracias al cumplimiento de los mencionados puntos clave.
Sin embargo, en el lado opuesto de la balanza, se encuentran otros estados miembros, los cuales presentan cifras notablemente más bajas. El coche eléctrico aún representa un porcentaje mínimo de las ventas en lugares como Croacia, Polonia u otros del sur de Europa, debido a factores como el alto coste de los coches eléctricos, menor poder adquisitivo medio o la falta de incentivos locales sólidos.
Desde el estudio afirman que este desequilibrio complica que toda la Unión Europea avance de manera uniforme hacia la meta de cero emisiones. Este también se refleja en las políticas de incentivos y subsidios. En Europa existen más de 30 esquemas nacionales diferentes, cada uno con criterios y niveles de financiación muy distintos. Esta falta de coordinación no solo genera desigualdades entre países, sino que hace más difícil para los automóviles eléctricos lograr economías de escala en toda la región.

Implicaciones directas de esta 'desigualdad'
Además del precio del vehículo, la infraestructura de recarga juega un papel decisivo en el ritmo de la transición. Aunque la red de puntos de carga públicos en Europa ha crecido y supera los cientos de miles de estaciones, su distribución es todavía muy desigual. Francia, Alemania o Países Bajos cuentan con unas vías significativamente repletas de estos cargadores. No obstantes, en otros puntos, su expansión es muy escasa.
Esta diferencia repercute directamente en la confianza de los potenciales consumidores, según el estudio. De hecho, gracias a sus encuestas, se han dado cuenta que muchos clientes que deberían considerar comprar un coche eléctrico, simplemente no lo hacen por la falta de puntos de recarga accesibles y fiables. Esto es especialmente notorio en zonas rurales.
El camino hacia una Europa con movilidad ‘cero emisiones’ no es lineal ni uniforme. Hay múltiples trayectorias que deben converger mediante políticas públicas coherentes, subsidios alineados y despliegue de infraestructura accesible. Solo así podrá Europa no solo aspirar a cumplir sus metas medioambientales, sino también garantizar que la transición beneficie por igual a todos sus ciudadanos y regiones.