Una vez más, Jim Farley, CEO de Ford, ha sido sincero sobre el estado de la industria automotriz en el mundo. Su compañía opera, principalmente, en Estados Unidos y Europa, dos mercados muy diferentes entre sí. No solo por el tipo de vehículos que se venden en uno y otro, también porque mientras que el primero está blindado ante las marcas de coches chinas, en el segundo están empezando a convertirse en el rival a batir.
El ejecutivo tiene claro que, aunque la situación haya explotado de manera más o menos reciente, es algo que lleva gestándose bastante tiempo, algo que además ya, o bien sabían, o bien intuían en el mundillo: “Cualquiera en la industria automotriz que no presintiera que algo iba a pasar en China hace cinco años se estaba engañando a sí mismo. Ciertamente, yo lo pensaba. Pero ¿sabíamos que las empresas y las marcas locales se volverían tan buenas tan rápido? De ninguna manera”.

El gigante no tan dormido
La industria china del automóvil llevaba mucho tiempo desarrollándose y en algún momento tenía que explotar, pero el desconocimiento por parte de sus rivales europeos y estadounidenses era demasiado grande como para poder valorar de manera acertada la situación. Farley señala: “No pudimos viajar durante la COVID. No fuimos a China durante la COVID. Así que fue invisible para nosotros. Pero recuerdo haber ido justo después con nuestro vicepresidente, John Lawler. Ambos nos miramos después de una hora y pensamos: ¡Madre mía! ¿Qué demonios ha pasado?”.
Lo que se encontraron allí no era lo que esperaban, de hecho, superó con creces sus expectativas y se dieron cuenta de que la idea que se habían formado en sus cabezas era completamente errónea: “Sus coches pasaron de estar claramente detrás de nosotros a estar delante. Los diseños eran hermosos. Eran coches eléctricos. Nio tenía intercambio de baterías. Fue simplemente impactante, francamente”.
Tiene muy claro que el problema primigenio es de percepción: sencillamente no se sabía nada sobre la industria china y el resto del mundo la infravaloró. “Los fabricantes locales, con el apoyo masivo del gobierno chino, se convirtieron en marcas poderosas. Mucha gente dice ahora: ‘Bueno, BYD tiene más éxito en volumen que Tesla’, y puede que piensen que es un fenómeno reciente. Pero BYD lleva 20 años fabricando vehículos eléctricos”, apunta.
Coches chinos, electrificación y conducción autónoma
El ejecutivo es consciente de que el sector está en un punto de inflexión importante, no solo por la irrupción de las marcas chinas, también por la electrificación y la llegada de los vehículos autónomos, como comenta a Car and Driver.
“El viaje, las motivaciones están cambiando. De niño, mi experiencia en la industria consistía en que un cliente se subía al vehículo y lo usaba para conducir. Es como un teléfono: llegaron los smartphones y ahora ya no lo usamos para hablar. La mayoría del tiempo, lo usamos para otras cosas”, expone.
Y considera que la concepción misma del coche va a cambiar para siempre: “Tenemos que pensar cada vez más en cómo nuestro vehículo es un tercer espacio, un espacio de entretenimiento. Ahora que puedes conducir por la autopista y tienes 45 minutos libres, ¿qué vas a hacer en tu coche? ¿Basta con hacer videoconferencias y consumir el contenido que consumirías en casa? ¿O necesitamos cambiar las motivaciones para hacer algo más?”.
Su conclusión es concisa: “Todos piensan que estas tres cosas (China, software y vehículos eléctricos) son lo mismo. No, no son lo mismo. El software es diez veces más importante para mí”.

