En pocos años el mercado automovilístico global ha cambiado. La balanza se ha desequilibrado en favor de China. En apenas una generación, el gigante asiático ha pasado de la más absoluta irrelevancia al control total. Los chinos han cambiado cualquier concepto previo. Han roto esquemas, han acelerado los procesos y han logrado lo que nadie creía posible: meter miedo al resto de participantes del mercado. Sin embargo, para Jochen Sengpiehl, exdirector de marketing de Volkswagen en China, nada de esto hubiese sido posible sin la colaboración de Europa.
Durante una entrevista, Sengpiehl, ha sido muy claro: "hicimos que los chinos fueran inteligentes". El ex-responsable alemán, que trabajó en Volkswagen durante 8 años hasta junio del año pasado, ha expuesto las raíces de la crisis actual y ha identificado las deficiencias estructurales que, en su opinión, se habían acumulado durante décadas. Las declaraciones surgen en un momento muy complicado para su anterior empresa. La semana pasada, Volkswagen anunció que planea recortar decenas de miles de puestos de trabajo en Alemania, pudiendo cerrar fábricas o incluso venderlas a competidores chinos.
La transferencia de conocimiento y el despertar de los competidores

El análisis de la situación actual pone de manifiesto que el sector europeo facilitó de forma directa el desarrollo de las capacidades de sus actuales rivales, obligado por las leyes chinas. Mediante las alianzas estratégicas y la producción local compartida, se produjo una transferencia masiva de conocimientos técnicos, de organización de procesos y de estándares de calidad que sirvió para formar y especializar a los ingenieros locales, quienes asimilaron rápidamente los métodos occidentales.
Esto permitió a las factorías asiáticas dar un salto cualitativo excepcional. Pasaron de replicar componentes básicos a diseñar cadenas cinemáticas de alta complejidad, optimizando la fundición de bloques estructurales y la integración de sistemas de propulsión. Al dominar la precisión manufacturera tradicional y combinarla con una velocidad de desarrollo de nuevos componentes mecánicos muy superior a la europea, consiguieron situarse a la vanguardia de la producción global.
Los cambios tras la pandemia de 2020

Si ha habido un momento crucial en este cambio de tendencia fue la pandemia global de la COVID-19 vivida en 2020. El propio Sengpiehl este momento como trascendental. “Cuando volvimos a Pekín tras la cuarentena y vimos las calles de nuevo por primera vez, no podíamos creer lo que veíamos”, afirma. Los coches eléctricos, que parecían sacados del futuro, dominaban el paisaje urbano. China había aprovechado el aislamiento de los años de la pandemia para impulsar enormemente su movilidad eléctrica, mientras que Europa apenas se había percatado de este desarrollo.
Sengpiehl sitúa la raíz del problema en una complacencia estructural dentro de la industria. Recuerda situaciones en las que los altos directivos se burlaban de Tesla y sus pérdidas en aquel entonces. "Siempre creímos que todo lo que hacíamos era perfecto, e ignoramos el hecho de que hay países a nuestro alrededor que se están desarrollando enormemente". El automóvil se está convirtiendo en un dispositivo móvil, una plataforma de software, y esta capacidad se reconoció demasiado tarde en Alemania. Además, las grandes corporaciones aún operan en silos departamentales en lugar de en equipos multifuncionales.
Dos escenarios mecánicos e industriales para el futuro de Volkswagen

El devenir del principal constructor europeo se encamina hacia una bifurcación determinante con dos posibles desenlaces muy diferenciados. El peor de los casos prevé una fragmentación del consorcio, un escenario de desmantelamiento donde únicamente lograrían subsistir aquellas marcas que retienen niveles de rentabilidad elevados y estructuras de costes más flexibles, como Porsche, Audi, Skoda y Cupra.
Por el contrario, la alternativa favorable exige un proceso drástico de reinvención conceptual en todas las áreas de la empresa, una transformación profunda que el grupo ya ha completado con éxito en otras épocas críticas de su historia. Este cambio no se limita a la reducción de personal o al cierre de instalaciones, sino que requiere de una transformación completa de conceptos. Volkswagen debe adaptarse al sistema chino tal y como ya ha hecho con sus nuevos acuerdos locales.