No se dice abiertamente, pero China está utilizando el dinero de Europa para destrozar nuestro sector del automóvil

La industria alerta de retrasos, falta de transferencia tecnológica y uso masivo de mano de obra asiática en proyectos subvencionados por la Comisión Europea.

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China saca partido de los fondos comunitarios pero no está tan claro que Europa vaya a salir beneficiada con esto.
22/01/2026 11:30
Actualizado a 22/01/2026 11:30

La industria del automóvil europea observa con creciente preocupación lo que considera una estrategia encubierta de China para frenar el desarrollo del vehículo eléctrico en Europa, utilizando para ello proyectos financiados con fondos comunitarios. Según fuentes del sector y de Bruselas, el plan tendría como objetivo mantener el control tecnológico y productivo de baterías y componentes clave, debilitando la capacidad industrial europea desde dentro.

La estrategia se articularía en dos frentes. Por un lado, alianzas con fabricantes europeos para levantar fábricas en suelo comunitario que, pese a recibir importantes subvenciones, se construyen y operan mayoritariamente con personal traído desde Asia, bajo el argumento de que solo ellos dominan la tecnología. Por otro, proyectos desarrollados en solitario por empresas chinas que acumulan retrasos significativos y corren el riesgo de no llegar nunca a materializarse.

Proyectos bajo sospecha en varios países europeos

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Hay varios proyectos en el punto de mira de Bruselas.

El foco se sitúa sobre plantas de baterías y componentes estratégicos en Alemania, España, Hungría y Polonia. Entre los casos más citados figuran SVOLT en Alemania, Envision en España, CATL en Hungría y las alianzas de Volkswagen con Gotion o de Stellantis con CATL en Zaragoza. También aparece en el radar el proyecto de la coreana LG Energy Solution en Polonia.

Según fuentes conocedoras de estas operaciones, el resultado es paradójico: subvenciones públicas que en algunos casos superan los 500 millones de euros, concedidas para crear empleo y tejido industrial, pero que no generan transferencia tecnológica ni desarrollo de capital humano europeo.

Aranceles, inversiones y una relación cada vez más tensa

El asunto se produce en un contexto de relaciones cada vez más delicadas entre la UE y China. En 2024, Bruselas impuso aranceles a los coches eléctricos chinos, una medida que dividió a los Estados miembros y que provocó un giro en la posición de España tras el viaje de Pedro Sánchez a Pekín.

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China se aprovecha de los fondos europeos, pero no aporta valor al territorio.

Desde entonces, la Comisión Europea vigila con especial atención las inversiones chinas en fábricas europeas, conscientes de que producir en la UE permitiría esquivar los aranceles. “No nos interesan inversiones que sean simples operaciones de montaje sin valor añadido”, advirtió en 2025 Sabine Weyand, directora general de Comercio de la Comisión.

Un ejemplo clave es la fábrica de BYD en Hungría, con una inversión de 4.000 millones de euros, actualmente bajo investigación por posibles subsidios extranjeros ilegales en el marco de la nueva regulación comunitaria.

Estados Unidos refuerza las sospechas

Estados Unidos también ha alimentado la alerta. Informes compartidos con Bruselas apuntan a que China y otros gigantes asiáticos cobran ayudas sin compartir tecnología, una situación que Washington ya detectó en proyectos de baterías fallidos en su territorio.

Un caso especialmente sensible es el de CATL en Zaragoza, donde la empresa planea trasladar hasta 2.000 trabajadores chinos para levantar su planta conjunta con Stellantis, lo que refuerza las dudas sobre el impacto real en el empleo local.

Europa prepara nuevas reglas más duras

Ante este escenario, la Comisión trabaja en la Ley de Aceleración Industrial, que incluirá condiciones inéditas para la inversión extranjera, como requisitos de contenido local, contratación de personal europeo y posibles obligaciones de transferencia tecnológica.

Aunque algunos analistas reconocen una ligera mejora en la integración de proveedores europeos, advierten de un riesgo estructural: que Europa quede relegada a actividades de bajo valor añadido, mientras la I+D y el control estratégico permanezcan fuera.

El dominio chino del coche eléctrico se consolida así como uno de los mayores desafíos económicos y geopolíticos para la Unión Europea.