Una organización ecologista demandó a BMW y Mercedes-Benz para prohibir sus coches de combustión y la justicia alemana ya ha fallado

Un tribunal alemán cierra una de las causas climáticas más ambiciosas lanzadas contra dos gigantes del automóvil europeo por seguir vendiendo coches de combustión.

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La demanda quería frenar la venta de motores de combustión de BMW y Mercedes-Benz desde 2030.
26/03/2026 09:30
Actualizado a 26/03/2026 09:30

El Tribunal Federal de Justicia de Alemania ha desestimado este lunes las demandas climáticas presentadas contra BMW y Mercedes-Benz, un fallo que supone un revés para la estrategia de Deutsche Umwelthilfe, la organización ecologista que pretendía impedir por vía judicial la venta de coches nuevos de combustión a partir de noviembre de 2030.

La resolución, dictada en Karlsruhe, confirma además las decisiones previas de los tribunales de Múnich y Stuttgart, donde ya habían sido rechazadas las acciones dirigidas contra ambas compañías. Con ello, la justicia alemana cierra de momento una de las ofensivas climáticas más ambiciosas lanzadas en Europa contra fabricantes de automóviles concretos.

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Ambas marcas cuentan con todo tipo de motorizaciones dentro de su gama.

Una sentencia con más alcance del que parece

Lo que estaba en juego no era solo el futuro comercial de BMW y Mercedes-Benz a partir de 2030. El verdadero fondo del asunto era si un tribunal podía obligar a empresas privadas a adoptar restricciones más duras que las fijadas por la normativa vigente, entrando así en un terreno que hasta ahora ha estado ligado sobre todo a la acción legislativa y regulatoria.

Las demandas fueron impulsadas por tres directivos de DUH, que apoyaron su tesis en derechos fundamentales reconocidos por la Ley Fundamental alemana y en una interpretación climática del llamado presupuesto de carbono. Sobre esa base, la organización ecologista defendía que seguir comercializando vehículos impulsados por combustibles fósiles consumía una parte excesiva del margen de emisiones compatible con los objetivos climáticos internacionales. En otras palabras, sostenía que el negocio del motor térmico no debía analizarse solo desde la óptica industrial o mercantil, sino también desde su impacto acumulado sobre el calentamiento global.

Sin embargo, el alto tribunal alemán ha rechazado ese planteamiento. Según la información difundida tras el fallo, uno de los puntos clave de la sentencia es que no existe un presupuesto de carbono asignado jurídicamente a cada empresa, de modo que no puede exigirse a BMW o Mercedes-Benz un recorte concreto de actividad sobre esa base.

Esa es, probablemente, la parte más importante de la decisión. El tribunal no entra a bendecir el motor de combustión ni a cuestionar el debate climático, pero sí marca un límite claro a este tipo de litigios civiles. La conclusión es que los particulares no pueden forzar por esta vía un adelanto del fin comercial de los coches térmicos en ausencia de una regla específica que así lo establezca.

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Tanto BMW como Mercedes-Benz han acogido favorablemente la resolución.

La relevancia del caso era alta porque se trataba de un procedimiento especialmente observado tanto por el sector del automóvil como por el ámbito jurídico y ambiental. Distintas fuentes especializadas lo venían señalando como uno de los litigios climáticos más relevantes contra empresas privadas en Alemania y como una prueba de estrés para medir hasta dónde podía llegar la presión judicial sobre fabricantes con altas emisiones indirectas.

En la práctica, la sentencia no cambia las reglas europeas sobre el automóvil ni redefine por sí sola el calendario regulatorio del motor de combustión. Lo que hace es frenar la posibilidad de imponer a dos marcas concretas un veto judicial anticipado desde el derecho civil, algo que DUH había tratado de convertir en precedente.

BMW y Mercedes-Benz acogieron favorablemente la resolución, mientras que Reuters recoge que ambas insistieron en su compromiso con la sostenibilidad. Más allá de la reacción empresarial, el mensaje de fondo es otro. La descarbonización del automóvil seguirá jugándose sobre todo en el terreno político, regulatorio e industrial, no en la imposición judicial de calendarios individuales a cada fabricante.

Para el sector, el fallo deja una fotografía clara. Las demandas climáticas contra compañías seguirán existiendo y probablemente ganarán sofisticación, pero no cualquier argumento basta para doblar la mano de un fabricante en los tribunales. En este caso, la justicia alemana ha dicho que la transición puede discutirse, acelerarse o endurecerse, pero no de cualquier manera ni con cualquier herramienta jurídica.