La red eléctrica de China necesita ayuda y Pekín ya tiene un plan: 100.000.000 de coches eléctricos serán parte de la solución

El V2G permitirá utilizar las baterías de los vehículos como almacenamiento distribuido para estabilizar la red.

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China prepara una infraestructura capaz de atender a más de 110 millones de eléctricos.
11/09/2026 14:30
Actualizado a 11/09/2026 14:30
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China tiene tantos coches eléctricos que ahora quiere aprovecharlos para algo más que desplazarse. El país está preparando su red eléctrica para que una parte de esos vehículos pueda almacenar energía cuando exista excedente y devolverla cuando el consumo se dispare, convirtiendo sus baterías en pequeños sistemas de almacenamiento repartidos por todo el territorio.

Esta estrategia ya forma parte de la planificación energética oficial para los próximos años. El nuevo Plan Quinquenal para el desarrollo del sistema eléctrico contempla extender la carga inteligente y bidireccional a gran escala, al mismo tiempo que China refuerza una red que tendrá que abastecer a más de 110 millones de vehículos eléctricos en 2030.

cadena producción coches chinos
El objetivo es coordinar millones de baterías para reducir la presión sobre la red.

China quiere que los coches ayuden a estabilizar su red eléctrica

La magnitud del proyecto se entiende mejor mirando la infraestructura que Pekín pretende desplegar. Para finales de esta década habrá más de 40 millones de instalaciones de recarga, unas 300.000 de ellas de alta potencia, suficientes para cubrir las necesidades de más de 110 millones de eléctricos. A ello se suma una inversión prevista superior a los cinco billones de yuanes en la red durante el periodo 2026-2030.

Pero construir millones de cargadores sólo es una parte del plan. China quiere alcanzar unos 50 GW de capacidad agregada de carga flexible mediante sistemas que permitan decidir cuándo deben cargar los vehículos y, en aquellos compatibles, cuándo pueden devolver electricidad. De esta forma, una enorme cantidad de baterías que normalmente pasan horas aparcadas podría utilizarse para absorber excedentes o cubrir los momentos de mayor demanda.

Para que nos entendamos, el coche podría cargarse durante la madrugada o cuando exista abundante producción renovable y devolver después parte de esa energía durante un pico de consumo. Eso es precisamente lo que permite la tecnología V2G —Vehicle-to-Grid—, que convierte al vehículo en una carga bidireccional y no únicamente en un aparato que extrae electricidad de la red.

China lleva tiempo preparando este salto. En 2024 abrió la convocatoria para ampliar este tipo de pruebas y, en abril de 2025, el Gobierno seleccionó finalmente 30 proyectos y nueve ciudades para probar el V2G a mayor escala. Entre los escenarios estudiados aparecen viviendas, estaciones de carga, vehículos pesados y sistemas capaces de agrupar muchos coches para participar conjuntamente en el mercado eléctrico.

El mayor problema no está en encontrar coches eléctricos

Sobre el papel, el potencial es enorme, pero llevarlo a millones de vehículos todavía exige resolver varios obstáculos. No todos los eléctricos pueden descargar energía hacia la red, los equipos bidireccionales son más complejos y caros que los cargadores convencionales y los sistemas utilizados por fabricantes, operadores y compañías eléctricas siguen sin ofrecer una interoperabilidad completa.

bateria
El V2G podría ayudar a integrar mejor la producción procedente de energías renovables.

También existe una cuestión especialmente sensible para quien tenga que prestar la batería de su coche a la red: su degradación. Cada ciclo adicional implica desgaste, por lo que será necesario gestionar cuánto se descarga, en qué momentos y qué compensación recibe el propietario para que participar en estos programas resulte atractivo y no termine aumentando el coste de uso del vehículo.

La propia Agencia Internacional de la Energía señala además que el estándar ISO 15118-20, diseñado para permitir comunicación y transferencia bidireccional entre coches y cargadores, todavía no se aplica de manera uniforme. Las diferencias entre fabricantes y las propias normas eléctricas de cada mercado siguen dificultando que cualquier vehículo compatible pueda conectarse a cualquier cargador V2G sin más.

China quiere utilizar los próximos cuatro años para superar precisamente esas barreras. Su objetivo no consiste únicamente en tener decenas de millones de coches enchufados, sino en poder gestionarlos de forma coordinada para que parte de esa enorme capacidad de batería también contribuya a equilibrar una red eléctrica cada vez más dependiente de fuentes renovables y sometida a una demanda creciente.