Los vehículos eléctricos no solo resisten el frío extremo: también pueden resultar más económicos y fiables que los diésel, incluso en entornos árticos. Así lo concluye un estudio respaldado por el Laboratorio Nacional de Energías Renovables de Estados Unidos (NREL) y realizado por investigadores de la Universidad de Alaska, que analizó el comportamiento real de flotas en comunidades remotas con temperaturas de hasta –40 grados centígrados.
La investigación, titulada Are Electric Vehicles a Solution for Arctic Isolated Microgrid Communities?, recopiló datos de uso en localidades como Kotzebue, Galena y Bethel. El resultado es contundente: los costes totales de operación de los vehículos eléctricos fueron inferiores a los diésel cuando se tienen en cuenta todos los factores reales de funcionamiento.
El diésel pierde ventaja cuando se analizan los costes reales

El estudio no se limitó a comparar precios de combustible. Incluyó gastos asociados al ralentí prolongado, calentadores de bloque, mantenimiento, tiempos de inactividad y consumo invernal. En este escenario, el diésel salió claramente perjudicado.
Los investigadores detectaron que solo en cuatro de los 21 casos analizados el paso a vehículos eléctricos supuso un aumento de los costes energéticos. Estas excepciones se dieron en comunidades con electricidad cara, baja penetración de renovables y trayectos diarios muy cortos, donde el gasto energético para calentar el habitáculo penaliza a ambas tecnologías.
El frío afecta a todos los vehículos, no solo a los eléctricos
Uno de los argumentos más habituales contra los coches eléctricos es la pérdida de autonomía y el aumento de los tiempos de carga en invierno. El estudio confirma que estos efectos existen, pero subraya que los motores de combustión también pierden eficiencia en condiciones extremas.

En el caso del diésel, el frío obliga a mantener los vehículos al ralentí durante largos periodos, utilizar combustible invernal y recurrir a sistemas externos de calefacción del motor. Todo ello genera costes adicionales y emisiones contaminantes, además de tiempos muertos en los que los vehículos no producen valor.
La confianza y la infraestructura, factores clave
Más allá de los números, los investigadores identifican un obstáculo psicológico y operativo: la confianza en la infraestructura. Los gestores de flotas están acostumbrados a repostar en minutos, mientras que la electrificación exige planificación, análisis de rutas y despliegue de puntos de carga.
En regiones remotas, la percepción de que la infraestructura eléctrica no siempre estará disponible sigue frenando la adopción, pese a que los datos demuestran su viabilidad económica.
El uso intensivo marca la diferencia
El estudio señala que los vehículos eléctricos ofrecen su mayor ventaja en flotas de alta utilización, como taxis, servicios de reparto o transporte compartido. A mayor número de kilómetros y horas de uso diario, y cuanto más extremo es el frío, mejor se comportan los eléctricos frente al diésel.
Además, almacenar los vehículos en espacios cerrados y climatizados mejora notablemente su eficiencia. Aunque el frío puede reducir el rendimiento hasta en un 69% cuando se estacionan en el exterior, ninguno de los vehículos eléctricos analizados sufrió fallos que impidieran su uso.
Una alternativa viable incluso en el Ártico
Las conclusiones del estudio refuerzan una idea cada vez más extendida: los vehículos eléctricos no son solo una opción urbana o templada. Incluso en condiciones extremas, pueden ofrecer ventajas económicas, operativas y ambientales frente al diésel, siempre que se adapten los hábitos de uso y la infraestructura.