La gran barrera del coche eléctrico es la recarga: cuánto están dispuestos a esperar los conductores frente a los 5 minutos de la gasolina

El Arval Mobility Observatory 2026, identifica el tiempo máximo que los conductores quieren dedicar a la recarga de su coche eléctrico.

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Acortar los tiempos de recarga se antoja imprescindible.
05/11/2026 10:00
Actualizado a 05/11/2026 10:00
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La autonomía sigue siendo uno de los temas que preocupan sobre el coche eléctrico, pero hay otro factor que puede resultar mucho más determinante para que un conductor decida si está dispuesto a abandonar el motor de combustión: el tiempo que necesita para recuperar energía y continuar su viaje. Mientras que llenar el depósito de gasolina o diésel apenas requiere entre tres y cinco minutos, la recarga de un vehículo eléctrico es una variable que afecta directamente a la planificación de los desplazamientos, sobre todo cuando se trata de recorrer largas distancias.

Los conductores españoles ya han puesto el límite que están dispuestos a soportar: 24 minutos. Así lo refleja el Arval Mobility Observatory 2026, que analiza las barreras que todavía condicionan la implantación de la movilidad eléctrica en España. Según sus conclusiones, el 38 % de los conductores corporativos considera que una parada de recarga en carretera debe durar menos de 24 minutos para que el vehículo eléctrico resulte compatible con sus necesidades de productividad.

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24 minutos es el límite que consideran los conductores.

Conseguir que recargar no se vea como una molestia

Superar ese tiempo supone entrar en una incomodidad que puede terminar pesando más que las ventajas que ofrecen los modelos de baterías y la cifra demuestra otro escollo importante a salvar, el hecho de que para los conductores parar a recargar no se perciba como una interrupción excesiva del viaje.

De hecho, los hábitos de quienes se ponen al volante muestran que la mayoría intenta evitar esta situación siempre que puede. El 49 % prefiere cargar el vehículo durante la noche en su domicilio, mientras que solo el 28 % recurre habitualmente a los puntos de recarga rápida en carretera. La diferencia es importante y pone de manifiesto un modelo de utilización en el que el coche eléctrico funciona especialmente bien cuando puede recuperar energía mientras su propietario duerme, trabaja o realiza otras actividades, pero la cosa cambia cuando la recarga pasa a estar dentro de los tiempos de desplazamiento.

Además de por la comodidad, el ahorro económico es el otro factor que explica buena parte de esta preferencia. Recorrer 100 kilómetros con electricidad cargada en casa durante las horas valle cuesta entre 1,44 y 2,15 euros, una cantidad muy inferior a los aproximadamente 12 euros de la gasolina y los 13 euros del diésel que se necesitan para recorrer esa misma distancia. Sin embargo, en los puntos de recarga ultrarrápida, precisamente los que permiten acortar las paradas, el coste puede situarse entre 6,46 y 11,34 euros por cada 100 kilómetros, lo que elimina casi por completo esa ventaja.

La red de recarga debe estar a la altura

Pero ¿qué necesita la infraestructura para que esos 24 minutos sean una realidad? La respuesta está en la potencia. El análisis señala que los conectores de al menos 150 kW son fundamentales para reducir los tiempos de espera hasta niveles aceptables en los desplazamientos interurbanos. No basta con aumentar el número total de cargadores, tienen que suministrar energía a una velocidad suficiente y es algo que en España todavía no se ha conseguido: cuenta actualmente con alrededor de 6.000 conectores públicos de estas características, aunque las cifras varían según la fuente, ANFAC contabiliza 6.252 puntos, frente a los aproximadamente 4.950 registrados por AEDIVE.

Esa percepción de que todavía faltan infraestructuras está muy presente, como demuestra que el 30 % de los conductores señale la escasez de puntos públicos como el principal obstáculo para adoptar un vehículo eléctrico.

Y existe otro fenómeno que ayuda a entender por qué incluso una red de alta potencia no siempre se traduce en paradas breves: los conductores tienden a permanecer conectados más tiempo del estrictamente necesario. Según Álvaro Sauras, vicepresidente de AUVE, la duración media ronda los 25 minutos, aunque en muchos casos bastarían entre 18 y 23 minutos para continuar el trayecto con garantías. Ese margen adicional no es gratuito, si no que responde a la búsqueda de tranquilidad, porque el usuario no solo quiere llegar al siguiente destino, sino disponer de suficiente batería para afrontar imprevistos o evitar otra parada demasiado pronto.

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