La vieja tecnología que puede salvar a las renovables: 570 GW de "baterías de agua" están en desarrollo en todo el mundo

Una tecnología centenaria vuelve al centro de la transición energética para almacenar excedentes solares y eólicos usando solo agua y gravedad.

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Una central hidroeléctrica de bombeo almacena energía renovable usando agua, altura y gravedad.
20/05/2026 13:30
Actualizado a 20/05/2026 13:30

La transición energética se enfrenta a una paradoja cada vez más difícil de ignorar. El mundo instala energía solar y eólica a un ritmo récord, pero en algunos momentos ya produce más electricidad limpia de la que las redes pueden absorber. Cuando eso ocurre, una parte de esa energía se pierde. No porque falten paneles, aerogeneradores o demanda a largo plazo, sino porque falta capacidad para almacenar y gestionar la electricidad en el momento exacto en el que se genera.

Ese problema ha devuelto al primer plano una tecnología que no tiene nada de nueva, pero que puede ser decisiva en la próxima fase de las renovables. Se llama hidroeléctrica de bombeo, aunque su apodo lo explica mucho mejor. Es una batería de agua. Cuando sobra electricidad, se utiliza para bombear agua desde un depósito inferior hasta otro situado a mayor altura. Cuando la red necesita energía, el agua desciende por gravedad, mueve turbinas y vuelve a producir electricidad.

Hidroeléctrica
El bombeo hidroeléctrico permite guardar excedentes renovables y devolver electricidad bajo demanda.

La batería más grande no siempre lleva litio

El interés por estas instalaciones está creciendo porque los recortes de renovables empiezan a ser un problema real en varios mercados. Según los datos recogidos por Reuters, Brasil llegó a desechar el año pasado el 20% de su energía solar, mientras que Alemania, Francia y Países Bajos tuvieron que reducir en conjunto 3,9 TWh de producción renovable. Es electricidad limpia ya generada que no pudo aprovecharse por falta de capacidad suficiente en la red o en el almacenamiento. 

Eddie Rich, director ejecutivo de la Asociación Internacional de Energía Hidroeléctrica, lo resume como una señal de alerta. El mundo está construyendo centrales de generación limpia a gran velocidad, pero ese despliegue debe ir acompañado de la infraestructura necesaria para utilizar esa energía o almacenarla. Sin ese segundo paso, una parte creciente de la electricidad renovable corre el riesgo de quedarse por el camino.

Ahí es donde la hidroeléctrica de bombeo vuelve a ganar protagonismo. Actualmente hay cerca de 200 GW de capacidad de bombeo hidroeléctrico en funcionamiento en el mundo. Reuters señala que esta tecnología representa alrededor del 90% del almacenamiento energético de larga duración a nivel global, por delante de otras soluciones mucho más recientes y mediáticas.

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Así funciona una batería de agua: bombea agua cuando sobra energía y la libera cuando falta electricidad.

Además, las cifras preliminares de la Asociación Internacional de Energía Hidroeléctrica apuntan a otros 570 GW de capacidad de bombeo en desarrollo en todo el mundo. El dato explica por qué esta tecnología, nacida hace más de un siglo, está recuperando peso en plena era de las baterías de litio, los coches eléctricos y los grandes parques solares. 

La clave está en que no todas las formas de almacenamiento sirven para lo mismo. Las baterías de iones de litio son muy útiles para responder con rapidez, suavizar picos diarios de demanda y estabilizar la red en ventanas cortas. Pero cuando el sistema necesita almacenar grandes cantidades de electricidad durante más de cuatro horas, entran en juego otras soluciones de larga duración. Y ahí el bombeo hidroeléctrico tiene una ventaja evidente por escala, vida útil y capacidad de almacenamiento.

El funcionamiento es sencillo, pero exige unas condiciones muy concretas. Hace falta un desnivel entre dos masas de agua, una infraestructura hidráulica capaz de mover enormes caudales y una conexión eléctrica que permita aprovechar los excedentes renovables cuando sobran y devolver electricidad cuando falta. En la práctica, estas centrales convierten la gravedad en una reserva energética.

China es uno de los grandes protagonistas de esta carrera

Según Reuters, alrededor del 40% de la capacidad de bombeo en desarrollo se encuentra en el país asiático, que ya lidera el sector con más de 50 GW instalados. Entre sus grandes referencias está Fengning, la mayor central hidroeléctrica de bombeo del mundo, operada por State Grid Corporation of China, con una potencia total instalada de 3,6 GW.

La comparación con Europa ayuda a entender la escala. La Muela II, situada cerca de Valencia, aparece como la mayor central hidroeléctrica de bombeo europea en la información de Reuters, con 850 MW de capacidad. Es una instalación estratégica para el sistema eléctrico español, pero queda muy lejos de las dimensiones que está alcanzando China en este tipo de infraestructuras.

El auge del bombeo hidroeléctrico tampoco se explica solo por las renovables. El consumo eléctrico mundial vuelve a crecer con fuerza por varios factores que se solapan al mismo tiempo. Los centros de datos, la climatización, la electrificación industrial y el aumento de vehículos eléctricos están elevando la demanda. Según las previsiones citadas por Reuters a partir de datos de la Administración de Información Energética de Estados Unidos, la demanda energética crecerá un 1% este año y un 3% en 2027, el periodo de mayor crecimiento desde principios de siglo.

placas solares campo
Brasil llegó a desechar el año pasado el 20% de su energía solar.

Ese aumento de la demanda obliga a reforzar la red, pero también a hacerla más flexible. Erik Steimle, directivo de Rye Development, una empresa estadounidense especializada en hidroeléctrica, defiende que el almacenamiento por bombeo ayuda a reducir la dependencia de los combustibles fósiles y a proteger la red frente a apagones y fenómenos meteorológicos extremos. La idea de fondo es sencilla. No basta con producir más electricidad limpia. También hay que poder entregarla cuando realmente hace falta.

Estados Unidos es uno de los mercados donde esta tecnología intenta acelerar. Rye Development está impulsando varios proyectos de circuito cerrado, un diseño que evita actuar directamente sobre ríos naturales y funciona con depósitos artificiales entre los que el agua se recicla una y otra vez. Este tipo de soluciones busca reducir el impacto ambiental, uno de los grandes obstáculos históricos de la hidroeléctrica convencional.

Uno de los proyectos más relevantes es Goldendale, situado en el estado de Washington, sobre una cresta próxima al río Columbia. La Comisión Federal Reguladora de Energía le ha concedido una licencia de 40 años y el proyecto está diseñado para almacenar electricidad durante un máximo de 12 horas. Su potencia prevista es de 1.200 MW, suficiente para abastecer a unos 500.000 hogares cuando la red lo necesite.

El gran reto está en construirlas a tiempo

El problema es que levantar una batería de agua de estas dimensiones no es rápido ni barato. Reuters recoge que los costes de construcción son elevados y que las inversiones iniciales pueden ser muy altas. A eso se suman regulaciones ambientales estrictas, oposición local y procesos de autorización que en algunos casos alargan durante años proyectos que técnicamente podrían construirse en mucho menos tiempo.

Eddie Rich habla directamente de una parálisis en la concesión de permisos. Según su diagnóstico, el mercado por sí solo no proporciona señales suficientes para atraer inversión privada a gran escala. Hacen falta marcos regulatorios estables, contratos de largo plazo y mecanismos que garanticen ingresos previsibles para que los promotores puedan asumir obras de miles de millones.

Reino Unido también ha empezado a moverse en esa dirección. El país planea construir 10 GW de capacidad de bombeo hidroeléctrico para apoyar la integración de renovables hacia mediados de la década de 2030. En Escocia, el proyecto Earba, desarrollado por Gilkes Energy, aspira a alcanzar hasta 1.800 MW de potencia instalada. Cerca de allí, SSE Renewables está invirtiendo 2.000 millones de libras en Coire Glas, con una capacidad potencial de hasta 1.300 MW.

La ubicación de estos proyectos tampoco es casual. Muchos se plantean cerca de grandes parques eólicos para absorber el excedente cuando sopla el viento y devolver electricidad de forma rápida cuando la producción cae o la demanda sube. En sistemas eléctricos cada vez más dependientes de la meteorología, esa capacidad de mover energía en el tiempo puede ser tan importante como la propia generación.

La hidroeléctrica de bombeo no va a sustituir a las baterías de litio, ni pretende hacerlo. Cada tecnología ocupa un lugar distinto. Las baterías químicas seguirán siendo fundamentales en coches eléctricos, instalaciones domésticas, almacenamiento distribuido y servicios rápidos de red. Las grandes baterías de agua, en cambio, están pensadas para otra escala. Son infraestructuras de país, diseñadas para sostener redes eléctricas completas durante horas.

Por eso su regreso tiene tanta importancia. La transición energética ya no consiste únicamente en instalar más paneles solares y aerogeneradores. La siguiente gran batalla está en almacenar mejor, gestionar mejor y evitar que la electricidad limpia se desperdicie justo cuando más se necesita. Y en ese tablero, una solución tan antigua como bombear agua cuesta arriba vuelve a colocarse en el centro de la conversación.

Puede que no tenga el brillo tecnológico de una batería de nueva generación ni el atractivo comercial de un coche eléctrico, pero su lógica es difícil de mejorar. Usa agua, altura y gravedad para convertir excedentes renovables en electricidad disponible bajo demanda. En un mundo que necesita cada vez más energía limpia, las viejas baterías de agua pueden convertirse en una de las piezas más importantes del futuro eléctrico.

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