La industria del ciclismo de montaña eléctrica lleva años inmersa en una evolución que va mucho más allá del aumento de potencia o autonomía. El último capítulo lo ha escrito SRAM, uno de los mayores fabricantes de componentes del sector, con el registro de una patente que describe una caja de cambios automática integrada con el motor de una bicicleta eléctrica.
El movimiento pone sobre la mesa un futuro en el que la transmisión ya no será un conjunto de piezas independientes, sino un sistema coordinado que toma decisiones para mejorar la eficiencia, la tracción y la experiencia de pedaleo.

¿Qué ha inventado SRAM?
La solicitud de patente, revelada recientemente por medios especializados del ciclismo, no anuncia un producto comercial inmediato, pero sí revela la dirección tecnológica hacia la que podría dirigirse buena parte del mercado de bicicletas eléctricas de montaña.
SRAM, conocida por tecnologías como Eagle Transmission, su sistema de transmisión robusta sin patilla de cambio tradicional, ha dado un paso conceptual al integrar motor, caja de cambios interna y control electrónico en una sola unidad.
La patente de SRAM contempla una unidad compuesta por un tren de engranajes interno similar al de una caja de cambios interna tradicional, junto con mecanismos de acoplamiento e indexado encapsulados dentro del conjunto motor-transmisión.
El diseño propone sensores que miden parámetros como velocidad de la rueda, potencia de pedaleo y par generado, enviando estos datos a una unidad de control que decide cuándo y cómo cambiar de marcha. El sistema incluso podría armonizar la asistencia eléctrica con los requisitos de la transmisión para optimizar rendimiento y consumo de batería.
Este enfoque contrasta con los sistemas actuales más extendidos, en los que la transmisión (cambio y cassette) funciona como un componente independiente del motor. Transmisiones como la Eagle Transmission de SRAM ya ofrecen cambios precisos bajo carga y una mayor durabilidad, pero siguen siendo sistemas externos al motor. La patente sugiere un salto evolutivo: convertir motor y caja de cambios en una sola unidad integrada y controlada electrónicamente.
Con este componente, la bicicleta eléctrica no solo proporciona asistencia al pedaleo, sino que también decide de forma automática la marcha más adecuada en función de lo que ocurre en tiempo real sin que el ciclista tenga que intervenir manualmente con una palanca.
Esa idea coincide, en parte, con tecnologías ya disponibles como el cambio automático Eagle Powertrain que SRAM ha explorado en el pasado, donde sensores y algoritmos ayudan a gestionar el comportamiento del sistema de transmisión bajo distintas condiciones.

Ventajas teóricas de una transmisión integrada
Los beneficios de una caja de cambios completamente integrada, como la que describe SRAM en la patente, podrían ser significativos:
- Eficiencia de pedaleo: La gestión automática de marchas puede mantener una cadencia constante, evitando pérdidas de energía y mejorando la experiencia del usuario.
- Menor intervención humana: Un sistema que decide el cambio más adecuado según datos reales reduce la fatiga del ciclista en terrenos complicados.
- Optimización de la asistencia eléctrica: Al coordinar motor y transmisión, el sistema puede ajustar la entrega de potencia para maximizar autonomía o rendimiento según el contexto.
- Protección del tren motriz: Encapsular engranajes y control electrónico podría reducir el desgaste por factores externos como barro o impactos, mejorando la fiabilidad a largo plazo.
Este planteamiento convierte a la e-MTB no solo en un conjunto de componentes ensamblados, sino en un sistema complejo y coordinado de propulsión y gestión, algo que hasta ahora ha sido más habitual en sectores como la automoción que en el ciclismo.

Pese a las ventajas, la historia reciente muestra que las transmisiones internas o totalmente integradas no se han popularizado con la rapidez que algunos predecían. Las razones son diversas: aumento de peso, retos de coste de producción, complejidad de diseño y, en muchos casos, la percepción de los ciclistas sobre las sensaciones de pedaleo.
En las bicicletas eléctricas, parte de estos inconvenientes se atenúan porque el peso extra es menos crítico dada la asistencia del motor, pero no desaparecen por completo.
Además, existe cierta prudencia en el mercado sobre cuánto están dispuestos a pagar los usuarios por este tipo de innovación. Un sistema integrado de estas características encarecería el producto final y exigirá fabricantes de cuadros dispuestos a rediseñar la estructura de sus bicicletas para alojarlo de forma óptima.