Ruggero Mughini, presidente de Iveco España y director general de la marca para España y Portugal, ha abordado en una entrevista de la marca algunos de los principales retos que afronta el transporte europeo en plena transición energética y tecnológica.
Su idea central ha sido clara: “Hoy el camión eléctrico todavía no es una realidad”. Mughini situó los principales obstáculos en la falta de infraestructuras, la escasez de puntos de recarga y la dificultad de garantizar una operativa normal para el transportista. Su planteamiento no cuestiona la transición, pero sí rebaja las expectativas sobre su implantación a corto plazo en el transporte pesado.

El gran freno sigue estando fuera del vehículo
El contexto del mercado respalda ese diagnóstico. En la Unión Europea, los camiones medios y pesados diésel representaron el 93,2% de las matriculaciones en 2025, mientras que los modelos electrificables alcanzaron una cuota del 4,2%, por encima del 2,3% registrado el año anterior. El avance existe, pero todavía está lejos de reflejar una adopción masiva.
Infraestructura, costes y flotas antiguas: los grandes frenos del camión eléctrico, según IVECO.
A escala global, la tendencia es similar. La Agencia Internacional de la Energía calcula que las ventas de camiones eléctricos aumentaron cerca de un 80% en 2024, aunque su peso en el mercado mundial siguió en torno al 2% del total. El crecimiento es significativo, pero parte de una base todavía reducida, especialmente en segmentos de uso intensivo y largo recorrido.
Mughini diferenció entre el transporte urbano y el pesado. En el primero, la electrificación encuentra un encaje más claro por la previsibilidad de las rutas y la posibilidad de organizar mejor las recargas. En el segundo, la situación es más compleja, ya que entran en juego la autonomía, los tiempos de operación, la disponibilidad de infraestructura específica para vehículos industriales y el impacto económico para las empresas de transporte.
Alquiler, digitalización y renovación de flota
Durante la entrevista, el responsable de Iveco también apuntó a otros cambios que están redefiniendo el sector. Uno de ellos es el crecimiento del alquiler frente a la compra tradicional del vehículo. En un contexto de incertidumbre tecnológica y regulatoria, esta fórmula permite a muchas compañías ganar flexibilidad y reducir el riesgo asociado a inversiones de largo plazo.
Otro de los ejes de transformación es la digitalización. Los vehículos industriales incorporan cada vez más conectividad y capacidad de gestión de datos, aunque el valor de esas herramientas depende en gran medida de que exista una red comercial y de posventa capaz de interpretarlas y trasladarlas a mejoras operativas concretas. El objetivo pasa por reducir incidencias, minimizar tiempos de parada y mejorar la eficiencia operativa.

Mughini también incidió en la necesidad de impulsar la renovación de flotas mediante ayudas y planes de apoyo estables. Según ACEA, la edad media de los camiones que circulan en la Unión Europea es de 14,1 años, un dato que refleja el envejecimiento del parque y la dificultad de acelerar su sustitución. Para el sector, esta cuestión afecta no solo a las emisiones, sino también a la seguridad y a la competitividad.
Una transición condicionada por el ecosistema
Ese punto resulta clave porque la transición no depende únicamente de la llegada de nuevos modelos. También exige condiciones que faciliten la retirada de vehículos antiguos, reduzcan el coste de acceso a las nuevas tecnologías y acompañen al mercado con infraestructuras y políticas públicas realistas.
El mensaje lanzado por el presidente de Iveco España apunta precisamente en esa dirección. El transporte pesado avanza hacia la descarbonización, incorpora nuevas herramientas digitales y explora fórmulas de uso más flexibles, pero sigue condicionado por limitaciones estructurales que frenan la expansión del camión eléctrico. Mientras no se resuelvan esos cuellos de botella, su implantación seguirá siendo más incipiente que generalizada.
