La pieza invisible que revoluciona la micromovilidad: la electrónica que aúna litio e hidrógeno

La mircomovilidad híbrida, que aúne batería de litio con hidrógeno, puede ser una de las respuestas a un incremento de la autonomía energética y climática que necesita Europa. Desde el ITE apuestan por nuevas soluciones.

ITE está validando la propuesta de micromovilidad híbrida junto a HELIOS. Foto: HELIOS.
ITE está validando la propuesta de micromovilidad híbrida junto a HELIOS. Foto: HELIOS.
03/02/2026 14:44
Actualizado a 03/02/2026 14:44

La mayoría de las revoluciones tecnológicas no se ven. No están en el escaparate, sino dentro, donde un puñado de componentes decide en milisegundos cómo fluye la energía. En micromovilidad llevábamos años atrapados en un falso dilema: ¿baterías o hidrógeno? Mientras el verdadero cambio se gestaba en otro sitio: en la electrónica capaz de orquestar ambas fuentes en un único sistema compacto, seguro y eficiente. Esa pieza invisible es la que abre ahora una nueva etapa.

La pregunta correcta no es qué tecnología “gana”, sino cómo gestionamos la energía para que los vehículos ligeros operen más horas con cero emisiones. Los drones que inspeccionan líneas eléctricas o plantas fotovoltaicas, los patinetes que mueven logística de última milla y los equipos que dan servicio en zonas de bajas emisiones comparten el mismo reto: autonomía y disponibilidad. Las baterías de litio ofrecen una respuesta inmediata y potente en aceleraciones y picos de demanda. Las pilas de hidrógeno suministran energía sostenida durante más tiempo y permiten “repostajes” en minutos. Juntas, bien gestionadas, multiplican su valor.

El corazón de esa gestión es una electrónica multipuerto que actúa como cerebro energético. Decide, en tiempo real, qué fuente aporta qué, en qué proporción y con qué límites térmicos y de seguridad. Integra baterías y pila en un único equipo, reduce peso y volumen, minimiza pérdidas y alarga los tiempos de operación. No se trata de apilar tecnologías, sino de coordinarlas con inteligencia para que el sistema entero rinda más que la suma de sus partes.

Cuando eso sucede, cambian los números de la operación. Un pit stop de hidrógeno de pocos minutos sustituye horas de enchufe, la flota está más disponible y cae la necesidad de unidades de reserva:

  • En drones, unos minutos extra en el aire significan más hectáreas inspeccionadas o más líneas revisadas por jornada, con menos interrupciones.
  • En patinetes de última milla, más kilómetros útiles por turno y menos ventanas muertas de recarga se traducen en mejor servicio y menor coste por entrega.

Ejemplos prácticos de la utilidad de esta combinación de tecnologías

La autonomía deja de ser un freno y pasa a ser una ventaja competitiva. El impacto no es teórico. Pensemos en agricultura de precisión: vuelos más largos permiten captar datos de mayor calidad y frecuencia, clave para optimizar riego y fertilización. En emergencias, prolongar el tiempo de vuelo de un dron de búsqueda y rescate puede marcar la diferencia. En ciudad, un patinete que alarga su rango operativo y reposta rápido mantiene a los equipos municipales en la calle sin interrupciones, cumpliendo con las zonas de bajas emisiones sin sacrificar intensidad de servicio.

Para que esta visión escale, necesitamos infraestructura ajustada al uso. No se trata de replicar grandes hidrogeneras, sino de desplegar soluciones de microhidrógeno cerca del consumo: electrolizadores de pequeña escala asociados a renovables en polígonos, campus, hubs logísticos o cocheras municipales; almacenamiento y distribución dimensionados a flotas ligeras, e, incluso, cartuchos o módulos intercambiables donde tenga sentido. La estandarización de interfaces, formatos y conectores es el acelerador olvidado: sin interoperabilidad no hay mercado masivo.

También hay una oportunidad industrial evidente. Al hibridar, diversificamos la presión sobre minerales críticos y activamos cadenas de valor locales en electrónica de potencia, integración de sistemas, pilas y servicios. Europa necesita productos que encajen con su estrategia de autonomía energética y climática. La micromovilidad híbrida, gestionada con inteligencia, puede ser uno de ellos.

Desde el Instituto Tecnológico de la Energía (ITE) estamos validando esta propuesta con HELIOS: un prototipo funcional que integra batería de litio y pila de hidrógeno en un único equipo, probado en un dron y en un patinete comercial, junto a empresas que cubren toda la cadena de valor.

El objetivo de este proyecto, financiado por IVACE+ i, es conseguir más autonomía y menos tiempos muertos, medir viabilidad técnica y económica y preparar el salto a potencias mayores y nuevas aplicaciones.

La pieza invisible rara vez sale en la foto, pero es la que permite que todo funcione. En micromovilidad, esa pieza es la electrónica que armoniza litio e hidrógeno para convertir la promesa de cero emisiones en horas de trabajo reales. No es una guerra de tecnologías. Es, por fin, inteligencia energética al servicio de la ciudad, la industria y las personas.