Las presas y las centrales hidroeléctricas, infraestructuras clave para el sistema eléctrico español, sobre todo con el frío

Las centrales hidroeléctricas alimentadas por el agua contenida por las presas adaptan su operación a la nieve, al deshielo y al cambio climático para asegurar energía limpia y constante incluso en condiciones climáticas severas.

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La nieve y el hielo pueden provocar problemas en los sistemas hidroeléctricos sobre todo lo de bombeos. Gemini
03/02/2026 15:00
Actualizado a 03/02/2026 15:00

Cuando las temperaturas caen bajo cero y los ríos se congelan, no todos los tipos de generación eléctrica pueden sostener el suministro con la misma fiabilidad. Sin embargo, la energía hidroeléctrica, una de las fuentes renovables más antiguas y extendidas del planeta, demuestra una notable resiliencia: en muchos países su operación continúa incluso en condiciones extremas de frío, nieve y hielo, garantizando electricidad flexible y limpia para millones de hogares e industrias.

La dependencia de la energía hidroeléctrica es especialmente crítica en países como Canadá, Islandia o Noruega, donde constituye la columna vertebral de los sistemas eléctricos nacionales. Allí, la generación con agua puede cubrir gran parte de la demanda incluso en pleno invierno, cuando otros recursos renovables como la eólica o la solar pierden eficiencia o sufren interrupciones por las condiciones climáticas adversas.

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Las centrales hidroeléctricas son necesarias como reguladores oferta-demanda de la red.

La energía hidroeléctrica en España

En España, la energía hidroeléctrica desempeña un papel clave, tanto por su aportación al mix energético como por su función estratégica en la transición hacia un sistema eléctrico más renovable, flexible y seguro. En 2024, la generación hidráulica en el país alcanzó 34.912 GWh, un 35,5 % más que en 2023, y representó aproximadamente el 13,3 % de la producción eléctrica nacional, situándose como la tercera fuente renovable más importante, solo por detrás de la eólica y la solar fotovoltaica, según datos de Red Eléctrica de España.

Este volumen de electricidad podría cubrir el consumo anual de millones de hogares españoles, lo que subraya la importancia del agua como recurso energético autóctono, capaz de aportar energía limpia y sostenida en un país con variabilidad climática marcada.

Además de su cuota en la generación, la hidroeléctrica aporta flexibilidad al sistema eléctrico, algo esencial para integrar de manera eficiente otras fuentes renovables intermitentes como el sol y el viento. Las centrales hidráulicas, especialmente las de bombeo, permiten almacenar energía en periodos de excedentes y liberarla cuando la demanda es alta o cuando otras tecnologías renovables no están disponibles, ayudando así a estabilizar precios y garantizar suministro.

Con más de 11.000 MW de potencia instalada en España y alrededor de 120 centrales en funcionamiento, esta tecnología no solo ayuda a la descarbonización del sector eléctrico, sino que también mejora la seguridad energética frente a fluctuaciones climáticas y de mercado.

El reto del hielo y la operativa invernal

Una de las principales dificultades operativas durante el frío severo es la formación de hielo en los cauces y tomas de agua. El agua expuesta a temperaturas bajo cero puede producir hielo frazil, pequeños cristales que se acumulan en las rejillas de entrada de las turbinas, restringiendo el flujo y provocando pérdidas de energía. Además, otros tipos de hielo, como el hielo pastoso, el fragmentado o el de fondo, pueden obstruir las tomas o reducir aún más el caudal disponible.

En canales abiertos o ríos, la acumulación de hielo puede dar lugar a presas naturales de hielo, que retienen el agua y, en caso de colapso súbito, pueden causar inundaciones aguas abajo. Estos riesgos son especialmente relevantes para las centrales que no disponen de grandes embalses y dependen del flujo natural del río.

A pesar de estos retos, los operadores hidroeléctricos en climas fríos cuentan con estrategias probadas para mantener la producción. Por ejemplo, los embalses y canales suelen congelarse solo en la superficie, dejando el agua seguir fluyendo bajo el hielo. Asimismo, se favorece la formación de una cubierta de hielo estable limitando las variaciones del nivel del agua; de este modo se reducen las condiciones que favorecen la formación de hielo frazil.

Además, las instalaciones están equipadas con soluciones técnicas específicas: compuertas, sellos y marcos incorporan sistemas de calefacción para evitar atascos por heladas severas, y una gestión cuidadosa de los niveles del agua en embalses evita que el hielo dañe infraestructuras como presas. En ocasiones, se eleva deliberadamente el nivel del agua para romper el hielo y evacuarlo de forma segura fuera de las zonas de toma, reduciendo su impacto en la operación.

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El hielo frazil se acumulan en las rejillas de entrada de las turbinas.

Planificación y adaptación ante el cambio climático

Los patrones climáticos están cambiando con rapidez. El calentamiento global aumenta tanto los ciclos de congelación y deshielo como los episodios de lluvia intensa durante el invierno, lo que plantea nuevos desafíos a las centrales hidroeléctricas. Para afrontarlos, los operadores combinan una monitorización avanzada, con previsiones de aportes a más largo plazo y una planificación más sofisticada de la producción.

La gestión de embalses en invierno también juega un papel clave en la mitigación de riesgos de inundación, y el uso de herramientas como teledetección, cámaras en tiempo real y drones ha mejorado la vigilancia de nieve, hielo, y caudales en cuencas y canales. Estas tecnologías permiten anticiparse a problemas operativos y ajustar la producción con mayor precisión.

A diferencia de otras fuentes renovables que dependen directamente de las condiciones del viento o del sol, las centrales hidroeléctricas pueden operar con mayor flexibilidad gracias a los embalses que almacenan agua en meses húmedos y la liberan cuando la demanda supera los aportes naturales, como ocurre con frecuencia en invierno o durante sequías temporales, una capacidad especialmente valorada en sistemas eléctricos diversificados.

La energía hidroeléctrica no solo es renovable, sino que también contribuye a la seguridad energética y a la estabilidad de la red, proporcionando capacidad de respuesta rápida ante variaciones bruscas de demanda o interrupciones de otras fuentes. Su larga vida útil (muchas instalaciones pueden operar durante décadas con un mantenimiento y modernización adecuados) y su contribución a reducir las emisiones también la sitúan como un pilar en la transición energética global.

La proliferación de eventos extremos relacionados con el clima, como sequías prolongada, evidencia que incluso la hidroelectricidad enfrenta límites cuando los recursos hídricos se reducen drásticamente, afectando la generación disponible y obligando a adoptar medidas adicionales para asegurar la continuidad del suministro.

La capacidad de las centrales hidroeléctricas para adaptarse y operar bajo condiciones climáticas severas no es solo una cuestión de ingeniería, sino también de planificación estratégica, inversión en tecnología y una gestión hídrica inteligente. Estos elementos permitirán que, incluso en un clima cada vez más volátil, la hidroelectricidad siga contribuyendo con energía limpia, segura y constante para las próximas generaciones.

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