China ha decidido que la infraestructura no será el cuello de botella para el coche eléctrico. Según los últimos datos de la Administración Nacional de Energía (NEA), el país cerró el año 2025 con un total de 20,092 millones de instalaciones de carga. Se trata de un hito que consolida a la nación como el líder absoluto en despliegue de red, con una capacidad instalada suficiente para satisfacer la demanda de más de 40 millones de vehículos de nueva energía.
Lo más impresionante no es la cifra final, sino la velocidad de ejecución. Si para instalar el primer millón de puntos de carga el país necesitó 13 años (de 2006 a 2019), el salto de los 10 a los 20 millones se ha completado en tan solo 18 meses. Este ritmo de expansión demuestra una capacidad industrial y una voluntad política que dejan atrás cualquier intento previo de electrificación masiva en otras regiones.

Radiografía de la red: del hogar a la autopista
La infraestructura china no es un bloque monolítico, sino un sistema equilibrado entre el uso público y el privado. Los cargadores privados representan la gran mayoría de la red con 15,375 millones de unidades instaladas, lo que supone un crecimiento interanual del 56,2% y facilita la carga residencial para millones de usuarios.
Por su parte, la red pública alcanza ya los 4,717 millones de puntos registrados, con un aumento del 31,9% respecto al año anterior. La potencia media por instalación pública se sitúa en los 46,5 kW, un 33% más que el año pasado, lo que reduce significativamente los tiempos de espera.
La cobertura geográfica también ha alcanzado niveles críticos para el viaje de larga distancia. China ha instalado ya 71.500 postes de carga en más del 98% de sus áreas de servicio en autopistas. De hecho, 19 regiones a nivel provincial ya garantizan una cobertura total de carga en todos y cada uno de sus municipios, eliminando por completo los espacios desérticos para el conductor eléctrico.

Una inversión que alimenta el mercado
Solo durante el mes de diciembre de 2025, se añadieron al sistema 92.000 puntos de carga pública y 678.000 privados, cifras que por sí solas superarían a la red total de muchos países europeos, incluida España. Esta infraestructura ha creado un círculo virtuoso con el mercado de vehículos. En 2025, el consumo eléctrico derivado del sector de la carga y el intercambio de baterías se disparó un 50%, reflejando un uso intensivo y real de esta red por parte de los ciudadanos.
Con un objetivo ya fijado por el gobierno de alcanzar los 28 millones de instalaciones para finales de 2027, China está demostrando que el éxito del coche eléctrico no depende solo de lo que sale de la fábrica, sino de lo que el usuario encuentra al aparcar. Mientras el resto del mundo debate sobre normativas, Pekín ha preferido inundar sus calles de cables y cargadores, asegurándose de que, para el año 2026, cargar un coche sea tan común como mirar el móvil.