Los coches “zombies” ya no son una rareza ni un problema marginal en España. Según un informe de Línea Directa publicado en 2021, en el país ya había alrededor de 2,6 millones de vehículos en esta situación, así que lo más probable es que, cinco años después, la cifra no haya hecho si no aumentar. Son coches que siguen dados de alta, pero que no se utilizan, permanecen largos periodos inmovilizados o, directamente, carecen de seguro obligatorio. Y lo más relevante es que tener uno puede salir muy caro: las sanciones pueden alcanzar hasta 3.000 euros.
El concepto de “coche zombie” hace referencia a esos vehículos que, aunque no circulan, siguen existiendo administrativamente. Es decir, no han sido dados de baja en la Dirección General de Tráfico y, por tanto, continúan sujetos a las obligaciones legales. Este detalle es clave, porque muchos propietarios creen erróneamente que, al no usar el coche y tenerlo guardado en un garaje, quedan exentos de cumplir con la normativa, pero no es así.

Una normativa clara al respecto
La legislación española es clara. La Ley sobre responsabilidad civil y seguro en la circulación de vehículos a motor establece que todo vehículo con estacionamiento habitual en España debe tener un seguro en vigor, independientemente de si circula o no. Esto significa que incluso un coche parado durante meses o años dentro de un garaje privado sigue obligado a estar asegurado.
Es algo que figura en el artículo 2.1, que expone lo siguiente: “Todo propietario de vehículos a motor que tenga su estacionamiento habitual en España estará obligado a suscribir y mantener en vigor un contrato de seguro por cada vehículo de que sea titular, que cubra hasta la cuantía de los límites del aseguramiento obligatorio, la responsabilidad civil a que se refiere el artículo 1”.
Aquí es donde aparece el problema: millones de conductores no cumplen con esta obligación. La Dirección General de Tráfico (DGT) advierte de que esta situación es mucho más común de lo que parece, afectando a gran parte de esos 2,6 millones de vehículos que, en la práctica, se han convertido en “zombies”.
Las consecuencias económicas pueden ser importantes. Circular sin seguro está castigado con multas elevadas, pero incluso sin llegar a circular, el simple hecho de mantener un coche dado de alta sin póliza puede acarrear sanciones. Estas pueden variar según el caso, pero en los supuestos más graves alcanzan los 3.000 euros, además de otras medidas como la inmovilización del vehículo.
Solo hay una excepción a la obligatoriedad de tener seguro, que aparece en el artículo 2.8.a: “Los vehículos que requieran autorización administrativa para circular pero que no se usen como medio de transporte, y que hayan sido dados de baja de forma temporal o definitiva del registro de vehículos de la Dirección General de Tráfico”.
La base tras la obligación
El origen de esta normativa tiene una lógica entendible: un coche, aunque no se use, sigue siendo un riesgo potencial. Puede provocar daños, incendios o incluso desplazarse accidentalmente. Por eso, la ley no distingue entre vehículos en uso y vehículos parados. Mientras exista legalmente, debe estar cubierto.
Para los propietarios, la solución pasa por tomar una decisión clara. Si el coche no se va a utilizar, lo más recomendable es tramitar una baja temporal o definitiva. De esta forma, se eliminan las obligaciones legales asociadas, incluido el seguro. En cambio, mantenerlo “olvidado” en un garaje puede hacer que acaba convirtiéndose en un problema.
