Lo que nació como una audaz apuesta de Tesla por reinventar la experiencia de recarga eléctrica se ha convertido, en apenas medio año, en un símbolo del enfriamiento del entusiasmo en torno a la marca. El Tesla Diner de Los Ángeles, inaugurado en julio de 2025 entre gran expectación mediática y largas colas, atraviesa ahora una etapa marcada por la caída de clientes, las críticas negativas y la pérdida del efecto novedad.
De atracción viral a juguete roto
En sus primeras semanas de vida, el Tesla Diner fue un auténtico imán para curiosos, fans de Elon Musk y propietarios de vehículos eléctricos. Concebido como un espacio retrofuturista que mezclaba estética americana clásica, tecnología y cultura eléctrica, el local prometía convertir la recarga de un coche en una experiencia atractiva y social.

Sin embargo, a comienzos de 2026, el panorama es muy distinto. Usuarios recientes describen un aparcamiento semivacío, más personal que clientes y un ambiente alejado del bullicio inicial. Algunos elementos del menú original han desaparecido sin explicación y el proyecto perdió peso mediático tras la salida del chef Eric Greenspan a finales de noviembre de 2025.
Opiniones que ya no acompañan
Aunque el restaurante mantiene una valoración media de 3,9 estrellas en Google, basada en cerca de mil reseñas, la evolución del tono es evidente. Las primeras valoraciones estuvieron impulsadas por la novedad y la curiosidad. Las más recientes, en cambio, apuntan a problemas recurrentes: servicio lento, precios elevados, escasas opciones para clientes que no conducen un Tesla y una experiencia que muchos consideran poco innovadora.
Algunos usuarios lamentan que los elementos tecnológicos prometidos resulten decepcionantes y que el concepto futurista se quede en lo estético. “Una gran decepción”, resumen varias reseñas, que critican tanto la relación calidad-precio como la falta de personalidad una vez superado el impacto inicial.
Un proyecto más de marca que de restauración

Desde su concepción, el Tesla Diner fue ante todo un ejercicio de branding. El problema, según analistas del sector, es que una vez desaparece el efecto viral, el local necesita competir como restaurante, algo para lo que no parece preparado. No es lo suficientemente asequible para rivalizar con los restaurantes más punteros ni lo bastante innovador para justificar su posicionamiento prémium.
Este desgaste coincide además con un momento complejo para Tesla. La compañía ha perdido el liderazgo mundial en ventas de vehículos eléctricos frente a BYD y ha registrado en Estados Unidos su nivel de matriculaciones más bajo en cuatro años. A ello se suman controversias legales y regulatorias, así como el impacto de la imagen cada vez más polarizante de Elon Musk.
Musk llegó a sugerir que este tipo de restaurantes podrían expandirse a otras grandes ciudades. Hoy, el silencio en torno al futuro del Tesla Diner de Los Ángeles invita a pensar que esos planes han quedado en pausa. El proyecto demuestra que, incluso para una de las marcas más influyentes del sector tecnológico, el entusiasmo inicial no basta para sostener una propuesta a largo plazo sin una ejecución sólida.