Los anuncios de marcas que tienen intención de cambiar sus planes eléctricos no dejan de aparecer. En esta ocasión ha sido Rolls-Royce la que ha confirmado su intención de abandonar su objetivo de convertirse en una empresa exclusivamente de coches eléctricos para 2030. Se suma a otras tantas que, debido al estado del mercado y a los cambios en las normativas europeas, han optado por relajar una hoja de ruta que, en gran parte, se habían autoimpuesto a sí mismas.
La compañía británica ha considerado necesario revisar sus planes iniciales tras darse cuenta de que las condiciones que motivaron su apuesta por la electrificación total han variado de forma sustancial en los últimos años.

Un cambio de paradigma
El actual director ejecutivo de la marca, Chris Brownridge, explicó que la decisión responde principalmente a la demanda persistente de los motores tradicionales entre los clientes de la marca. Es por eso que, mientras que sus compradores sigan pidiendo su característico motor V12, si la ley se lo permite, seguirán ofreciéndoselo.
“Por cada cliente que no esté seguro de si nuestro Spectre es el adecuado para él, habrá uno que diga: ‘Me encanta’. Podemos responder a la demanda de nuestros clientes… fabricamos lo que se nos pide”, explica. Esto deja claro que no van a dejar de lado los modelos de cero emisiones, pero que la apuesta total por ellos no tiene sentido si no es lo que demanda el mercado.
Considera que el plan inicial tenía sentido en su día, cuando su predecesor, Torsten Müller-Ötvös, lo anunció, pero que la situación ha cambiado mucho y que las predicciones que se llevaron a cabo entonces difícilmente van a cumplirse. Quien le precediera en el cargo, en 2022, creía que el Rolls-Royce Spectre supondría el 20 % de sus ventas entonces y que para 2028 coparía el 70 % del total de su volumen de negocio.
El fabricante no ha desgranado el peso que tuvo el año pasado, pero el último informe anual de BMW si que lo deja claro. Las entregas del Spectre cayeron de manera considerable en 2025: solo alcanzaron las 1.002 unidades, lo que supuso un 47 % menos que las 1.890 que se vendieron en 2024, un éxito inicial que seguramente se debió a que fue el año en que debutó el modelo. Debido a esto, la bajada del peso de los vehículos eléctricos en el total de ventas de la marca ha sido considerable, solo un 17,7 % en 2025, frente al 33 % conseguido en 2024.
Dar al clientes lo que quieren
Brownridge reconoce que el planteamiento inicial de electrificación total se formuló en un contexto distinto al actual, ya no solo desde la reticencia del cliente, si no desde el marco legislativo. Por aquel entonces la prohibición total de la venta de coches con motor de combustión en 2035 era reciente y los fabricantes se adaptaron a esa fecha límite, con muchos queriendo apuntarse el tanto de incluso adelantarse a la obligación.

Rolls-Royce fue uno de ellos, pero la situación ha cambiado. “La legislación ha cambiado. Esa predicción se basaba en circunstancias diferentes. Reconocemos que algunos clientes prefieren un motor V12. El V12 forma parte de nuestra historia”, comenta a The Guardian.
La revisión de la estrategia de Rolls-Royce no es algo aislado, si no una tónica general dentro del sector. Otros fabricantes de vehículos de alta gama han experimentado dificultades similares en su transición hacia la electrificación total. Factores como los cambios en la demanda y los elevados costes de desarrollo y reestructuración han llevado a varias compañías a replantear o retrasar sus objetivos en materia de vehículos eléctricos, apostando por tecnologías intermedias como los coches híbridos enchufables.
