Stellantis está tratando de redirigir la complicada situación en la que vive desde el año pasado. El conglomerado quiere recuperar la confianza de los clientes y centrar sus esfuerzos en diferentes áreas y mecánicas. Tras anunciar una fuerte inversión de 60.000 millones de euros, 60 coches diferentes verán la luz en los próximos años, pero no todos serán eléctricos. Sin embargo, esta filosofía no se aplica en todas las categorías. Emanuele Cappellano, CEO de Stellantis en Europa, ha reconocido que los segmentos inferiores o serán 100% eléctricos o no serán.
El gigante automovilístico Stellantis ha tomado una decisión drástica que marcará el futuro a corto plazo de sus modelos más populares en el Viejo Continente. Cappellano, ha confirmado que la próxima generación de vehículos pequeños y urbanos de la compañía prescindirá por completo de cualquier tipo de motor de combustión. Esto significa que estos segmentos se comercializarán única y exclusivamente bajo variantes de propulsión eléctrica alimentadas por batería. Este giro estratégico representa una gran transformación tras haber defendido a capa y espada la libertad de elección del cliente mediante el desarrollo de plataformas polivalentes.
Esta flexibilidad técnica permitía ofrecer mecánicas de gasolina, opciones microhíbridas, alternativas híbridas enchufables y versiones eléctricas dentro de una misma carrocería. Sin embargo, la maduración de las normativas de emisiones y las necesidades específicas del tráfico urbano han empujado a la dirección del grupo a trazar una línea divisoria clara para sus vehículos de menores dimensiones. Los coches eléctricos baratos de nueva generación, conocidos popularmente como E-Car, serán fabricados en Italia y no debería costar más de 15.000 euros.
El fin de la combustión interna en los segmentos de acceso

La aplicación de esta nueva hoja de ruta mecánica afectará de manera directa a los modelos encuadrados en los segmentos más compactos de las catorce marcas que componen el conglomerado internacional. Modelos sumamente populares en las ciudades europeas, como es el caso del Fiat 500, tendrán que abandonar de manera definitiva sus actuales configuraciones de hibridación ligera para transformarse en productos 100% eléctricos en sus futuros relevos generacionales. Esta obligatoriedad busca optimizar los costes de desarrollo industrial al concentrar los esfuerzos en arquitecturas puras de baterías.
Desde el punto de vista industrial, la simplificación de las líneas de montaje para estos vehículos ligeros permitirá a las fábricas europeas centrarse en la eficiencia a gran escala. La supresión de los sistemas de escape, las transmisiones complejas para motores térmicos y los depósitos de combustible tradicionales dará paso a estructuras de chasis diseñadas en exclusiva para albergar paquetes de celdas de litio, motores eléctricos síncronos y sistemas de gestión térmica compactos.
Un escenario de contrastes frente a la demanda del mercado

La decisión comunicada por Emanuele Cappellano introduce un contraste llamativo en la estrategia global de Stellantis para Europa. Aunque los modelos urbanos abracen la electricidad pura, el grupo ha tenido que reajustar sus planes comerciales recientes en las categorías superiores debido a las fluctuaciones en la demanda. De hecho, la dirección confirmó recientemente la reintroducción y el mantenimiento de motores diésel avanzados en todocaminos de tamaño medio y berlinas premium como respuesta directa a las peticiones del mercado y de los clientes de flotas de larga distancia.
La viabilidad de esta transición hacia el coche eléctrico en el segmento urbano dependerá en gran medida de los avances en la reducción de costes de los componentes del tren motriz. El objetivo de la empresa es alcanzar la paridad de costes de fabricación entre los vehículos eléctricos y los de combustión interna, facilitando el acceso a turismos limpios y tecnológicamente viables para la clase media. La producción de estas nuevas plataformas de acceso se concentrará en instalaciones estratégicas del continente, garantizando la viabilidad económica del tejido industrial europeo frente a las crecientes presiones comerciales externas.
Fuente: Automotive News