A 27 m de profundidad, ya está en construcción una batería redox gigante que almacenará 1.200.000 kWh de energía renovable

Así funciona el mayor sistema redox del mundo para almacenar energía renovable, solar y eólica, que servirá para estabilizar las redes eléctricas de toda Europa.

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Las baterías redox almacenan energía renovable en grandes depósitos de electrolito líquido para estabilizar la red eléctrica.
17/05/2026 15:00
Actualizado a 17/05/2026 15:00

Las baterías ya no solo sirven para coches eléctricos. La nueva carrera energética mundial apunta ahora a gigantescos sistemas estacionarios capaces de almacenar electricidad renovable durante horas y estabilizar redes eléctricas enteras. Y uno de los proyectos más ambiciosos del planeta ya está en marcha en Suiza.

La empresa suiza FlexBase construye en la localidad de Laufenburg una enorme batería de flujo redox que promete convertirse en la más potente del mundo. El objetivo es claro: almacenar grandes cantidades de energía procedente de fuentes renovables como la solar y la eólica para inyectarla en la red cuando sea necesario.

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Vista aérea de las obras de construcción de la baterías de flujo redox más grande del mundo en Laufenburg, Suiza.

Así funcionan las baterías redox

A diferencia de las baterías de ion-litio convencionales, las baterías redox almacenan la energía en líquidos electrolíticos. Estos líquidos se guardan en grandes depósitos y circulan a través de celdas electroquímicas donde se produce el intercambio energético. Esto permite separar la potencia de la capacidad de almacenamiento, una ventaja clave para proyectos de red eléctrica a gran escala.

Otra de sus grandes ventajas es la durabilidad. Mientras muchas baterías de litio pierden capacidad tras miles de ciclos de carga, las baterías redox pueden operar durante décadas con una degradación mucho menor. Además, el electrolito puede reutilizarse prácticamente de forma indefinida.

La instalación se está construyendo bajo tierra, en una excavación de 27 metros de profundidad y más larga que dos campos de fútbol. Formará parte de un gran complejo tecnológico de 20.000 metros cuadrados que también incluirá un centro de datos para inteligencia artificial, oficinas y laboratorios.

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La nueva generación de almacenamiento energético busca resolver la intermitencia de la energía solar y eólica.

El proyecto tendrá una capacidad de intercambio energético de hasta 1,2 GWh, una cifra comparable a la potencia instantánea de una central nuclear. Según los responsables del desarrollo, el sistema podrá absorber o liberar electricidad en cuestión de milisegundos, algo fundamental para estabilizar una red eléctrica cada vez más dependiente de renovables intermitentes.

El sistema suizo utilizará tecnología de flujo redox basada en vanadio, uno de los materiales más empleados actualmente en este tipo de almacenamiento energético. Japón, China y Corea del Sur llevan años desarrollando esta tecnología y actualmente se consideran varios años por delante de Europa en este campo.

La expansión de estas baterías está estrechamente ligada al crecimiento de las energías renovables. La producción solar y eólica depende de las condiciones meteorológicas, lo que obliga a contar con sistemas capaces de almacenar excedentes y liberarlos cuando baja la generación. Sin almacenamiento masivo, la electrificación total resulta mucho más compleja.

Las baterías redox también podrían jugar un papel importante en el auge de los centros de datos vinculados a la inteligencia artificial, cuyo consumo eléctrico se está disparando en todo el mundo. Este tipo de instalaciones necesitan una red estable y sistemas de respaldo energético de gran capacidad.

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Europa acelera el desarrollo de sistemas masivos de almacenamiento para sostener la transición energética.

Sin embargo, la tecnología todavía afronta algunos retos importantes. El principal es el coste inicial. Actualmente, las baterías redox siguen siendo más caras que muchas soluciones basadas en litio o sodio. Además, gran parte del suministro mundial de vanadio depende de unos pocos países y de la industria siderúrgica.

Aun así, muchos expertos consideran que el almacenamiento de larga duración será esencial para sostener la transición energética global. Según diversos estudios, las baterías de flujo redox destacan especialmente en aplicaciones estacionarias de gran tamaño gracias a su seguridad, escalabilidad y larga vida útil.

La planta de Laufenburg podría entrar en funcionamiento en 2029 y generar unos 300 empleos. La inversión prevista oscila entre 1.000 y 5.000 millones de francos suizos, reflejando la enorme dimensión del proyecto.