Durante años, hablar de gigafactorías de baterías significaba prácticamente hablar de coches eléctricos. Esa relación sigue siendo dominante, pero está dejando de ser exclusiva. La explosión de las energías renovables y, más recientemente, el enorme consumo eléctrico asociado a centros de datos e inteligencia artificial, están creando un segundo gran cliente para los fabricantes de celdas: la propia red eléctrica.
Los vehículos eléctricos todavía concentraron más del 70% del despliegue mundial de baterías en 2025, con unos 1,2 TWh, según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Sin embargo, esa proporción cayó desde casi el 80% registrado un año antes precisamente porque otras aplicaciones están creciendo todavía más deprisa. La más importante es el almacenamiento estacionario.

Las baterías estacionarias están creciendo a una velocidad enorme
En 2025 se instalaron en todo el mundo 108 GW de nuevos sistemas de almacenamiento con baterías, un 40% más que el año anterior. La capacidad instalada mundial es ya once veces superior a la que existía en 2021.
Aquí las necesidades son diferentes a las de un automóvil. Una batería estacionaria no necesita ser ligera ni ocupar poco espacio, porque permanece instalada permanentemente. Esto favorece especialmente a las químicas LFP, más económicas y capaces de soportar numerosos ciclos de carga y descarga, que ya representan alrededor del 90% de las nuevas instalaciones estacionarias.
Su función parece sencilla: guardar electricidad cuando sobra y devolverla cuando hace falta. Pero esa capacidad está adquiriendo un valor enorme a medida que crecen la solar y la eólica y aparecen nuevos consumidores que necesitan electricidad prácticamente las 24 horas.

La inteligencia artificial necesita mucha más electricidad
Ahí entran los centros de datos. La AIE calcula que su consumo eléctrico mundial podría más que duplicarse hasta alcanzar unos 945 TWh en 2030, con la inteligencia artificial como principal responsable del crecimiento.
Reuters señala además que, tanto en Europa como en Estados Unidos, la demanda eléctrica vuelve a crecer después de años relativamente estables debido a una combinación de IA, electrificación, digitalización y relocalización industrial. Esa tendencia está impulsando inversiones en redes, renovables y almacenamiento incluso aunque las políticas energéticas a ambos lados del Atlántico sean muy diferentes.
Las baterías pueden cumplir aquí dos funciones. Las grandes instalaciones conectadas a la red ayudan a desplazar energía renovable hacia las horas en las que esos centros necesitan consumirla, mientras que los propios centros de datos utilizan sistemas UPS con baterías para garantizar suministro ante interrupciones. Solo estos últimos añadieron 45 GW en 2025, un 30% más.

El coche eléctrico gana un competidor, pero también un aliado
Para el automóvil, esta nueva demanda tiene una doble consecuencia. Por un lado, coches y almacenamiento pueden competir por celdas, litio, materiales, capacidad industrial e inversiones. La propia AIE señala que la demanda procedente del almacenamiento está creciendo suficientemente rápido como para influir ya en el mercado de materias primas.
Pero una red con muchas más baterías también favorece al vehículo eléctrico: permite integrar más generación renovable, reducir congestiones y absorber mejor grandes cantidades de consumo procedentes de coches que cargan simultáneamente.
La batería está dejando así de ser simplemente el sustituto del depósito de gasolina. El coche eléctrico continuará siendo su principal mercado durante años, pero ahora tiene a su lado un cliente que crece con enorme rapidez: una red eléctrica que necesita almacenar renovables y alimentar una economía cada vez más electrificada y hambrienta de datos.