El caso de la moto eléctrica de Strix es uno de esos giros inesperados que no suelen darse mucho en el mundo de la automoción, salvo en casos contados como el del mítico Humvee, que derivo en el Hummer. Lo que nació como un proyecto militar ha terminado convirtiéndose en un producto pensado para el público general.
La compañía, fundada en Eslovenia en 2017, desarrolló inicialmente una moto eléctrica pensada para uso militar. Su objetivo era claro: crear una máquina capaz de soportar condiciones extremas, con componentes y estándares que cumplieran las exigentes certificaciones de los ejércitos. De hecho, varios cuerpos militares europeos, como los de Bélgica y Eslovenia, llegaron a probar el modelo. El problema es que esas pruebas no se tradujeron en pedidos reales.
Ante esta falta de contratos, la marca ha tomado una decisión clave: reconvertir su producto y adaptarlo al mercado civil. Así nace la versión homologada de su moto eléctrica, que mantiene gran parte de su ADN militar pero se orienta ahora a usuarios particulares.
95 CV y baterías intercambiables
Su herencia militar se nota porque parte de una base concebida para resistir barro, golpes, agua e incluso inmersión total, gracias a certificaciones como IP67/68 y una electrónica completamente sellada. Esto se traduce en un producto especialmente robusto, que se diferencia de lo habitual en el segmento de motos eléctricas de enduro. En términos de prestaciones, su motor eléctrico ofrece hasta 70 kW (95 CV) de potencia y un par de 975 Nm en la rueda trasera, gracias a lo que consigue una velocidad máxima en torno a los 130 km/h.
La batería, de 6,3 kWh, ofrece una autonomía cercana a los 100 kilómetros o aproximadamente una hora de uso intensivo en condiciones de enduro, aunque en conducción más relajada puede ser de hasta cuatro horas. Para compensar ese rango algo escaso, es compatible con carga en corriente continua, lo que permite pasar del 20 % al 80 % en apenas 10 minutos. No solo eso, la batería es extraíble, así que puede intercambiarse una agotada por una que esté completamente cargada en tan solo 60 segundos.
A la venta a través de Kickstarter
Si el giro de los acontecimientos ya es particular, todavía más lo es el formato que han elegido para lanzarla al mercado: la plataforma de crowdfunding Kickstarter.
Su funcionamiento dista de la compra directa. En ella los interesados adquieren el rol de mecenas, es decir, entran en el proyecto y adelantan el dinero para que salga adelante. Es un formato muy usado en multitud de sectores, como el de los videojuegos o los juegos de mesa, pero poco habitual en la industria de las dos ruedas.

Strix ofrece distintos niveles de aportación, con sus correspondientes recompensas. Así, es posible hacerse con la motocicleta eléctrica por 6.000 euros, lo que supone un descuento del 25 % respecto a lo que costará después en concesionarios; pero también se ofrece probar la moto por 250 euros, un sistema de batería modular por 999 euros, etc.
El problema es que la campaña no es que esté funcionando especialmente bien. Para sacarlo adelante la compañía tiene un objetivo de recaudación de 120.000 euros y en los primeros días solo han conseguido 12.566 euros por parte de 12 patrocinadores. Hay tiempo para remontar la situación, pero normalmente es en los primeros compases del lanzamiento cuando se aglutina la mayor parte del interés.
