La transición hacia una movilidad sostenible y climáticamente neutra es un objetivo inaplazable para la Unión Europea. Sin embargo, para alcanzarlo sin sacrificar competitividad ni empleo, es fundamental conocer que no existe una única tecnología. La reducción de emisiones de CO2 será más realista cuantas más soluciones disponibles se utilicen: electrificación, hibridación, hibridación enchufable, vehículos de autonomía extendida, combustibles renovables... La innovación avanza más rápido cuando no se limita a un único camino, sino cuando se suman tecnologías complementarias.
Europa mantiene su objetivo de reducción del 90% de emisiones de CO2 para 2035 y de alcanzar la neutralidad climática en 2050. Sin embargo, la realidad está demostrando que el ritmo actual es insuficiente, si bien es cierto que las matriculaciones de vehículos electrificados —eléctricos puros e híbridos enchufables— crecen con fuerza. En 2025, la cuota de ventas de coches eléctricos en Europa fue del 17,4%, cuatro puntos porcentuales más que el año anterior. Sin embargo, la cuota del parque circulante sigue siendo muy pequeña. Europa, como continente, cuenta con cerca de 10 millones de coches eléctricos en circulación. Y el parque circulante ronda los 300 millones, por lo que la cuota de los eléctricos puros (BEV) se sitúa en el 3%, una cifra todavía muy pequeña.
Y a ello se suma que, en Europa, la edad media del vehículo supera los 12 años; en España, se acerca ya a los 15. Por ello, con un parque tan envejecido, no podemos pensar que, de la noche a la mañana, se pueden sustituir todos los coches antiguos por nuevos que equipen la última tecnología. La renovación del parque es lenta. De ahí que se necesiten soluciones inmediatas que mejoren la calidad del aire.
Híbridos y combustibles renovables, una solución real
Una alternativa son los combustibles renovables, que permiten avanzar en esa dirección sin esperas: ya son una realidad y están a la venta para particulares y empresas. Aplicados en vehículos de combustión e híbridos, pueden reducir de manera muy significativa las emisiones netas de CO2 desde el primer repostaje. Además, su uso no exige cambios ni en la infraestructura, ni en el motor, ni tampoco en los hábitos de conducción, lo que puede acelerar su adopción y permitir un impacto inmediato en términos de sostenibilidad. En paralelo, los híbridos modernos —enchufables y no enchufables—, cuando funcionan con combustibles renovables, pueden convertirse en una herramienta eficaz para disminuir emisiones a gran escala, especialmente en países con un parque antiguo y patrones de movilidad muy diversos.
De esta manera, la electrificación sigue siendo esencial en los vehículos nuevos y en entornos urbanos, pero la hibridación alimentada con combustibles renovables es una opción real, rápida, equilibrada y más accesible para aquellos que aún no pueden dar el salto al vehículo puramente eléctrico.

La digitalización también reduce las emisiones
Además, la descarbonización no solo está vinculada con el combustible o la electrificación. La digitalización también está transformando la movilidad: los vehículos definidos por software permiten optimizar la eficiencia a lo largo de toda su vida útil mediante actualizaciones remotas; además de mejorar la seguridad y reducir la necesidad de sustituir componentes físicos. De ahí que la transición hacia arquitecturas electrónicas centralizadas y sistemas digitales de gestión, unidos al uso de energías limpias, también permita redefinir por completo la movilidad del futuro.
Europa, sin embargo, necesita reforzar su competitividad. El continente se juega cientos de miles de empleos y una parte esencial de su industria. La transición energética debe ir acompañada de un esfuerzo por fortalecer la cadena de valor europea: desde la electrónica de potencia hasta los sensores, el software, la infraestructura de recarga, los combustibles renovables y la fabricación local. Apostar por soluciones desarrolladas y producidas en Europa no es solo una decisión industrial, sino también estratégica para garantizar autonomía tecnológica y resiliencia.
La regulación también se está adaptando a este escenario complejo. La flexibilidad introducida por la Comisión Europea —que permitirá cierto margen de comercialización de motores de combustión a partir de 2035, siempre bajo límites estrictos de emisiones— reconoce que la neutralidad climática depende de resultados, no de prohibiciones tecnológicas. El objetivo sigue siendo el mismo: reducir emisiones de forma drástica. La diferencia es que ahora se entiende que esto exige aprovechar todas las herramientas disponibles.
Una oportunidad para España y Europa
En este contexto, España y Europa tienen una oportunidad única para impulsar una movilidad eléctrica, renovable y digitalizada, pero también inclusiva y viable económicamente. La electrificación será clave para el futuro. La hibridación avanzada permitirá acelerar la transición en muchos segmentos y usos. Los combustibles renovables descarbonizarán el parque existente desde hoy mismo. El software hará que cada vehículo sea progresivamente más eficiente. Y la apuesta por un modelo “Made in Europe” permitirá que la transición sea también una palanca de crecimiento industrial.
No podemos esperar a que todos los vehículos sean eléctricos para empezar a reducir emisiones. La descarbonización tiene que empezar ahora, y contamos con las herramientas necesarias para hacerlo de forma rápida, eficaz y realista. La movilidad del futuro será más limpia, tecnológica y sostenible, pero solo la alcanzaremos si combinamos todas las soluciones que tenemos a nuestro alcance.
Ricardo Olalla Guerra - Vicepresidente de ventas de Mobility en Bosch España