La Unión Europea avanza en la ampliación de su política climática comercial con la posible extensión del Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM, por sus siglas en inglés) al sector del automóvil y a los componentes industriales. Ante este escenario, el Ministerio de Comercio de China ha expresado su preocupación por el impacto que estas medidas podrían tener sobre sus exportaciones y sobre la estabilidad de las cadenas de suministro globales.
El CBAM entra en su fase plena en 2026
El CBAM fue diseñado por la UE para equiparar el coste del carbono de los productos importados con el que soportan las empresas europeas bajo el Sistema de Comercio de Emisiones. Tras un periodo transitorio centrado en la notificación de emisiones, el mecanismo entra en su fase plena a partir del 1 de enero de 2026, cuando los importadores deberán adquirir certificados de carbono en función de las emisiones incorporadas en los productos cubiertos.

En este contexto, Bruselas ha publicado recientemente nuevos borradores legislativos y normas técnicas que detallan los métodos de cálculo y los valores por defecto de intensidad de carbono aplicables a los productos importados.
Críticas de China a los valores de emisiones por defecto
El Ministerio de Comercio chino considera que los valores de emisiones por defecto asignados a los productos procedentes de China son significativamente superiores a los niveles medios reales del país. Según Pekín, estos parámetros no reflejan las condiciones industriales actuales ni los avances realizados en la reducción de emisiones, y además está previsto que se endurezcan progresivamente durante los próximos tres años.
Desde la perspectiva china, esta metodología podría penalizar injustamente a sus exportadores, especialmente a aquellas empresas que no puedan aportar datos de emisiones verificados conforme a los estándares europeos.
El impacto potencial en la industria del automóvil

Uno de los aspectos más relevantes para el sector es la propuesta de ampliar el ámbito del CBAM a partir de 2028 a productos intensivos en acero y aluminio transformados, entre ellos automóviles, componentes de automoción, maquinaria y electrodomésticos. De aprobarse, la medida supondría un cambio sustancial al extender el control del carbono desde las materias primas hasta los productos finales.
Para los fabricantes de automóviles y proveedores chinos, esto implicaría mayores exigencias en contabilidad de emisiones a lo largo de todo el ciclo de vida del producto, así como obligaciones de verificación externa y divulgación de datos, con posibles repercusiones en los costes de exportación al mercado europeo.
Dudas sobre la coherencia regulatoria europea
China también ha señalado la aparente contradicción entre las exigencias externas del CBAM y algunos ajustes recientes en la regulación interna de la UE, como las revisiones en torno a la eliminación de los motores de combustión en 2035. Según el Ministerio de Comercio, estas diferencias generan dudas sobre la coherencia entre las políticas climáticas y comerciales europeas.
Desde Pekín se advierte además de que el diseño actual del CBAM podría ir más allá de los objetivos climáticos y afectar de forma desproporcionada a economías en desarrollo integradas en las cadenas industriales globales.
Cooperación climática, pero con advertencias
A pesar de las críticas, China ha reiterado su disposición a cooperar con la UE en materia de cambio climático y desarrollo bajo en carbono. No obstante, ha dejado claro que responderá a aquellas medidas comerciales que considere injustas y tomará acciones para proteger a sus empresas y preservar la estabilidad del comercio internacional.
Con la entrada en vigor del CBAM en 2026 y su posible extensión al automóvil en 2028, el mecanismo se perfila como un factor clave en el futuro del comercio entre China y Europa, especialmente para una industria automotriz cada vez más condicionada por la huella de carbono.