Llevamos años escuchando la misma cantinela: "cuando la tecnología madure, el precio de los eléctricos caerá hasta igualarse con los de combustión". Pues bien, Joachim Post, director de Desarrollo de BMW, acaba de decir lo que nadie en la industria quería admitir en voz alta. Para la marca bávara, la paridad de precios en los segmentos inferiores es, a día de hoy, una utopía.
El mensaje es claro: si buscas un coche compacto de lujo, prepárate para pagar más por la versión a pilas que por la de gasolina. Según Post, los costes de producción de los eléctricos pequeños -esos que deberían democratizar la movilidad- se mantendrán significativamente por encima de sus equivalentes térmicos durante los próximos años. Una bofetada de realidad que choca frontalmente con el discurso optimista de otros fabricantes.

Las baterías, el eterno cuello de botella
¿Por qué BMW no ve la luz al final del túnel? La respuesta está en la escala y en la química, tal y como el propio Joachim Post ha reconocido durante una entrevista. BMW está centrando todos sus esfuerzos en la plataforma "Neue Klasse" que acaba de debutar con el BMW iX3. Pero incluso con las nuevas celdas cilíndricas que prometen un 50% menos de coste, las cuentas no salen para los modelos pequeños.
En un Serie 1 o un futuro BMW i1, el margen de beneficio es tan estrecho que el sobrecoste de la batería (que sigue representando el 40% del valor del coche) hace imposible igualar el precio de un motor de combustión sin perder dinero por el camino. BMW no está dispuesta a entrar en una guerra de precios que destruya su rentabilidad, a diferencia de lo que estamos viendo con marcas chinas como BYD.
Los datos que manejamos para el futuro BMW i1, previsto para 2028, ya apuntan en esa dirección. Mientras un Serie 1 de gasolina puede arrancar en cifras mucho más contenidas, el eléctrico difícilmente bajará de la barrera de los 40.000 o 45.000 euros. Es una brecha que, según Post, se mantendrá porque los precios de las materias primas y la energía para fabricar celdas no están bajando al ritmo que se predijo hace un lustro.

Esto deja a BMW en una posición curiosa. Por un lado, reafirman su apuesta por el hidrógeno para modelos grandes como el X5 y, por otro, admiten que en la base de la pirámide el cliente va a tener que seguir haciendo un esfuerzo extra. Básicamente, nos están diciendo que la movilidad eléctrica premium "barata" no existe, ni se la espera a corto plazo. Mientras, Europa trabaja en una nueva normativa que permita reducir los precios de los coches eléctricos pequeños. Una categoría espejo a los ‘kei-car’ japoneses.