Cuando se habla de fabricantes de vehículos eléctricos que compiten directamente con Tesla, BYD (Build Your Dreams) aparece con frecuencia como protagonista. Pero el poder detrás de esta compañía multimillonaria proviene de una figura discreta: Wang Chuanfu, químico de formación y emprendedor visionario.
Según explica la web de la marca, él fundó BYD en 1995 como una empresa de baterías y, con el tiempo, orientó su expansión hacia el negocio automovilístico, alcanzando la cima de la industria de vehículos de nueva energía.

La historia de una marca que ahora vale millones
El origen de BYD es humilde. Wang nació en Wuwei, provincia de Anhui, en una familia de agricultores. Tras formarse en química metálica y metalurgia en instituciones como la Universidad Central del Sur, inició su carrera como investigador estatal antes de lanzarse al mundo empresarial.
En los años noventa, junto a su primo Lu Xiangyang, constituyó BYD Company, firma centrada inicialmente en la producción de baterías para dispositivos móviles. Con esa base técnica, la empresa empezó a acumular patentes, capacidades industriales y una estructura que más tarde sustentaría su incursión en la automoción.
La transformación hacia el automóvil comenzó a comienzos de los 2000, cuando Wang adquirió una participación mayoritaria en la empresa Xi’an Qinchuan Automobile, una compañía estatal en dificultades, para convertirla en la división automovilística BYD Auto en 2003. Esta maniobra le permitió a BYD cruzar el umbral de la industria automotriz con una licencia de fabricación y una planta existente, en lugar de partir completamente de cero. Con esa base, desarrolló modelos híbridos enchufables y eléctricos con tecnología propia.

Aunque Wang es el rostro más visible del grupo, la estructura accionarial revela una composición más diversificada. Según diversas fuentes analíticas, Lu Xiangyang, el primo de Wang y cofundador, figura entre los mayores accionistas del grupo. Además, BYD cotiza en las bolsas de Hong Kong y Shenzhen, lo que implica que una parte significativa de su capital está en manos de inversores institucionales, fondos públicos y privados y plataformas de inversión colectiva.(
Por ejemplo, Berkshire Hathaway, el holding de Warren Buffett, ha tenido una histórica participación en la empresa con la compra del 9,89% de BYD en 2008. Pero, en las últimas semanas, la firma del magnate estadounidense ha vendido la totalidad de su participación en BYD, provocando un fuerte impacto en el mercado y una caída del 3,4 % en el valor de las acciones de la compañía en la Bolsa de Hong Kong.
BYD no solo fabrica automóviles: su alcance tecnológico se extiende a las baterías (incluyendo la innovadora Blade Battery), sistemas de gestión eléctrica, electrónica de potencia e incluso plataformas de software.
Después de más de treinta años, la compañía ha marcado su presencia en sectores como la electrónica, la automoción, las energías renovables y el transporte ferroviario. Su estrategia también abarca el ámbito energético: con inversiones en generación, almacenamiento y distribución de electricidad, BYD proporciona soluciones completas de energía limpia y libre de emisiones, posicionándose como un jugador fundamental en la transición hacia tecnologías sostenibles.
La compañía presume de más de 26.000 patentes registradas y una estrategia que abarca la cadena energética vertical. Gracias a esa visión, BYD ha escalado muy rápido: en 2024 la división automotriz produjo más de 4,3 millones de vehículos.

El caso BYD ofrece varias lecciones: primero, que la capacidad técnica (baterías, software, integración) puede convertir una empresa de componentes en un gigante automotriz; segundo, que tener un fundador fuerte y una estrategia de inversión sostenida (incluyendo capital externo) brinda flexibilidad financiera y visión a largo plazo; y tercero, que el modelo vertical que enmarca control del hardware, el software y la manufactura puede mitigar riesgos en mercados internacionales competitivos.
La globalización obliga a BYD a competir con normativas muy distintas, cadenas logísticas complejas y presiones geopolíticas (como por ejemplo, su plan de expansión en México ha sido retrasado por preocupaciones de filtración tecnológica, tal y como explica el Financial Times. Además, la escalabilidad deberá conservar estándares de calidad, fiabilidad y costes: una mala experiencia en un mercado como Europa puede tener efecto dominó.
BYD es más que el nombre que aparece en el coche: es el resultado de una estrategia centrada en innovación, propiedad combativa y diversificación. Wang Chuanfu sigue siendo la figura clave, pero la empresa que dirige funciona como un ecosistema tecnológico global. El reto para BYD es encajar esa ambición china en mercados exigentes como Europa sin perder competitividad ni credibilidad.