La recarga pública sigue marcando una diferencia importante entre utilizar un coche eléctrico en el día a día y hacerlo en viajes largos. Mientras que en casa el vehículo puede permanecer conectado durante horas sin condicionar la rutina, en carretera el tiempo empieza a convertirse en un factor decisivo para muchos conductores.
El Arval Mobility Observatory 2026 refleja precisamente ese cambio de exigencia. Entre los conductores corporativos españoles, un 38% considera que esperar más de 24 minutos durante una recarga hace más difícil encajar el coche eléctrico en sus desplazamientos habituales, mientras que el umbral máximo medio de paciencia se sitúa en 38 minutos.

La carga rápida se convierte en una pieza clave para viajar
Reducir esas esperas depende en gran medida de la potencia disponible. Los cargadores de alta potencia permiten recuperar una cantidad considerable de energía durante una parada relativamente corta, siempre que el propio vehículo admita esas velocidades de carga. Por eso, la expansión de estaciones de 150 kW o superiores empieza a ser especialmente relevante en corredores interurbanos.
El problema es que buena parte de la infraestructura española continúa concentrándose en potencias inferiores. Según ANFAC, España cerró el segundo trimestre de 2026 con 56.682 puntos públicos operativos, pero cerca del 70% seguían siendo equipos de hasta 22 kW. Los cargadores de al menos 250 kW alcanzaban los 2.806 puntos, después de sumar 337 nuevas instalaciones durante el trimestre.
La disponibilidad también continúa apareciendo como una barrera entre las empresas. El propio observatorio de Arval señala que el 30% considera insuficiente la red pública de recarga, mientras que otro 23% identifica problemas relacionados con la falta de cargadores en oficinas o domicilios de empleados.
En casa, el tiempo deja de ser el principal problema
El escenario es diferente cuando la recarga se realiza durante varias horas de estacionamiento. Casi la mitad de los conductores analizados, un 49%, opta preferentemente por cargar durante la noche en casa, frente al 28% que recurre habitualmente a estaciones rápidas durante sus desplazamientos.

La diferencia también aparece en el coste. Una recarga doméstica en horario valle permite recorrer 100 kilómetros por aproximadamente 1,44 a 2,15 euros, mientras que hacerlo durante las horas más caras puede elevar esa cifra hasta los 5,03 euros. La utilización de infraestructura pública incrementa todavía más el gasto, especialmente cuando se recurre a cargadores ultrarrápidos.
Esta combinación de precio, potencia y tiempo explica por qué la infraestructura comienza a ser tan importante como la propia autonomía del coche. De hecho, ANFAC contabilizaba además 17.821 puntos instalados pero todavía fuera de servicio al terminar junio, de modo que casi una cuarta parte de toda la red desplegada seguía sin estar disponible para los conductores.