La irrupción del coche eléctrico en la industria ha supuesto la llegada de marcas inéditas y proyectos sorprendentes. Muchos se han materializado, otros no. El intento de trasladar el éxito de los electrodomésticos a la industria automovilística acaba de sufrir un duro revés. Dreame Technology, conocida por sus robots de limpieza y aspiradoras, ha decidido clausurar definitivamente su división de automóviles y liquidar el proyecto Starry Sky. La aventura apenas ha durado un año desde su inicio formal en agosto de 2025, dejando tras de sí promesas técnicas deslumbrantes que no llegarán a la línea de producción.
La noticia sacude al sector por las descomunales cifras prestacionales que la compañía había puesto sobre la mesa hace apenas unos meses. Su propuesta prometía revolucionar la movilidad eléctrica con prestaciones mecánicas aeroespaciales y químicas de batería de última generación, pero las dificultades internas y el escrutinio regulatorio han frenado en seco el proyecto.
Unas cifras de ciencia ficción

El vehículo estrella del proyecto, bautizado como Nebula Next 01 Jet Edition o Rocket Car fue presentado en San Francisco a principios de este año. Anunciaba una aceleración de 0 a 100 km/h en solo 0,9 segundos, situando al hiperdeportivo en un territorio reservado a la propulsión aeroespacial, apoyado por un sistema de propulsores capaz de entregar un empuje máximo de 100 kN y casi 2.000 caballos de potencia.
Sin embargo, los datos excepcionales no acababan ahí. En el apartado energético, el fabricante aseguraba contar con una batería de estado totalmente sólido con electrolito de sulfuro. Su innovadora batería presumía de una densidad energética superior a los 450 Wh/kg y prometía una autonomía homologada bajo ciclo CLTC de más de 550 kilómetros. Cifras impresionantes teniendo en cuenta el rendimiento del conjunto.
La cruda realidad de los prototipos

Detrás de este escaparate técnico, la realidad era muy distinta. Antiguos empleados de la compañía revelaron que el superdeportivo exhibido a principios de año en el CES ni siquiera disponía de un chasis funcional y requería ser movido mediante control remoto. Algo que tampoco resulta excepcionalmente extraño pues ocurre con muchos prototipos, de ahí su consideración.
Para el desarrollo del modelo presentado en San Francisco, se adquirió una maqueta a una empresa de Shanghái por varios millones de yuanes, equivalentes a varios cientos de miles de euros. A esta maqueta se le integraron un chasis básico y propulsores ornamentales para generar impacto visual ante las cámaras. El Nebula generó muchos comentarios durante su presentación, pero poco tiempo después el proyecto empezó a dejar de qué hablar.
Financiación antes que desarrollo técnico y retorno a lo original

Fuentes internas señalan que la operativa invertía los principios habituales de la ingeniería de automoción. En lugar de financiar la investigación y desarrollo para concebir un coche, se exigía conseguir fondos antes de asignar presupuestos de ingeniería, atrayendo a profesionales de marcas consolidadas con grandes sueldos para captar inversores. La intervención de las autoridades locales para investigar el uso de los fondos y limitar el gasto de subsidios públicos precipitó el colapso.
Tras llegar a contar con cerca de 1.000 trabajadores en su punto álgido, la plantilla se redujo drásticamente desde mayo hasta apenas unas decenas de empleados encargados de gestionar deudas con proveedores y la liquidación legal. El consejero delegado de Dreame, Yu Hao, ha reorientado la estrategia corporativa hacia sus cuatro divisiones tradicionales: aspiración, robots cortacéspedes, vehículos eléctricos de dos ruedas y robótica Magic Atom. Pese al cierre de su división de superdeportivos, la empresa mantiene sus planes de salida a bolsa en los mercados de capitales.