Con qué fuerza frenamos, adónde vamos cada día o qué funciones usamos más. Un coche moderno sabe mucho de quien lo conduce, y Ford quiere que sus clientes tengan claro qué hace con esa información. Para ello acaba de lanzar en Estados Unidos su Privacy Promise, una promesa de privacidad que llega acompañada de una web donde explica qué datos recoge de sus coches conectados y cómo dejar de compartirlos.
La idea de fondo es bastante sencilla: quien no quiera compartir nada podrá dejar su coche en una especie de ‘modo años 80’. El anuncio llega en un momento delicado para el sector, pocos días después de que General Motors aceptara pagar 220 millones de dólares (unos 196 millones de euros) por vender datos de conducción de sus clientes.
Qué sabe tu Ford y para qué lo usa

Según el modelo, la información puede incluir la ubicación, las características de conducción, los datos de diagnóstico y otros datos de conexión que se recogen a través del propio coche y de la aplicación móvil de Ford. La marca explica que los usa para ofrecer servicios conectados como la navegación integrada, el tráfico en tiempo real o la asistencia en carretera, para diagnosticar averías y mejorar sus productos, y para personalizar funciones y servicios.
Ford insiste en que no vende datos sobre cómo conduce cada cliente a intermediarios de datos ni a aseguradoras. Además, según detalla la propia marca en su web, en los coches fabricados desde 2018 estos permisos se ajustan desde la pantalla central, y también se pueden gestionar en la aplicación.
Un coche ochentero, pero con menos funciones

“Nuestro objetivo final es que quienes no quieran compartir ningún dato conectado con Ford puedan desactivarlo y tener, en esencia, un coche al estilo de los años 80”, explica Kristin Jones, directora de privacidad de Ford. La idea, añade, es que la gente pueda disfrutar de “esa experiencia clásica”.
Eso sí, nadie da duros a cuatro pesetas. Un coche no puede ocultar dónde está y, a la vez, recibir información de lo que tiene alrededor, como el estado del tráfico. Por eso, si se desactivan la navegación conectada, la conexión a internet y la localización en la aplicación, se pierden funciones. La propia Ford reconoce en su web que tampoco se podrá usar BlueCruise, su asistente de conducción manos libres para autopistas, ni ver la ubicación del vehículo en la aplicación.
El precedente de General Motors

El caso de GM pesa sobre todo el sector. Al fabricante de Chevrolet se le acusaba de vender datos de sus clientes a intermediarios entre 2016 y 2024 a través de su programa Smart Driver, algo que Ford asegura que no hace. El acuerdo, cerrado a finales de octubre con los fiscales de una treintena de estados, le obliga además a pedir el consentimiento expreso de los conductores antes de recoger o compartir estos datos.
Ford, por su parte, encuestó a algo más de 1.000 consumidores estadounidenses, clientes suyos y de otras marcas, para preparar la iniciativa. La conclusión, según la marca, es que valoran su privacidad pero entienden la utilidad de compartir datos, siempre que puedan controlarlo al detalle y cambiarlo cuando quieran.
Lo que se juega Ford

Para Ford, los datos no son un detalle menor. Los usa para decidir qué funciones incluye en sus coches, y sin ellos tendrá que buscar otra forma de adaptar el interior a una experiencia menos conectada. Además, su consejero delegado, Jim Farley, ha explicado hace poco que la compañía se apoyará en las suscripciones digitales para sacar rentabilidad a modelos de precio ajustado como la pick-up eléctrica Ford Fathom, y un coche desconectado difícilmente pagará esas suscripciones.
Por ahora, la iniciativa se limita a Estados Unidos. Ford prevé extenderla en las próximas semanas a los clientes de Lincoln, su marca de lujo, y a los de México y Canadá, y después a otros mercados que todavía no ha concretado, entre los que esperemos, se incluya Europa y su ya de por sí restrictiva normativa de protección de datos.