A veces, tener el diseño más espectacular del mercado no es suficiente para sobrevivir a la realidad industrial. La startup estadounidense Canoo, que prometía revolucionar la movilidad con sus formas de "píldora" y su tecnología de chasis modular, recibe el golpe de gracia. Según informan fuentes de las agencias federales, tanto la NASA como el USPS (servicio postal americano) han interrumpido el uso de los vehículos que habían adquirido para sus programas de evaluación, alegando que la compañía ya no puede cumplir con los requisitos operativos necesarios.
Para la NASA, la decepción es doble. Las tres furgonetas "Lifestyle Vehicle" (LV) personalizadas que debían trasladar a los astronautas de la misión Artemis hacia la plataforma de lanzamiento han pasado a mejor vida. La agencia espacial ha confirmado que los vehículos de Canoo ya no cumplen con los estándares de la misión y, en un giro casi irónico, han vuelto a confiar en un modelo de combustión modificado —la mítica Astrovan basada en una Mercedes-Benz Sprinter— para garantizar el transporte de sus tripulaciones.

El USPS cierra el grifo de la evaluación
Por su parte, el Servicio Postal de los Estados Unidos (USPS) también ha puesto fin a su romance con la firma de Tony Aquila. Tras adquirir seis unidades para un periodo de pruebas en el mundo real de la entrega de última milla, el servicio de correos ha sido tajante: la evaluación ha terminado y no se prevén nuevas inversiones en la plataforma de Canoo.
La entrada de la compañía en un proceso de bancarrota (Capítulo 7) a principios de 2025 ha dejado a estos vehículos sin el mantenimiento y el suministro de piezas oficial necesario. Informes internos sugieren que gran parte de la pequeña flota entregada sufría averías recurrentes que la marca, sumida en una crisis de liquidez total, no ha podido solventar. Es más fácil y económico dar de baja los vehículos que mantenerlos en circulación.

Una gestión bajo la lupa
La caída de Canoo no ha sido solo una cuestión de falta de tecnología, sino de una gestión que muchos tachan de errática. Mientras la empresa generaba apenas 900.000 dólares en ingresos en un año tras entregar solo 22 vehículos, el gasto en jets privados para la dirección superaba los 1,7 millones de dólares. Esta falta de foco en la producción en serie ha terminado por agotar la paciencia de sus socios más prestigiosos.
Incluso con los intentos de su CEO por comprar los activos de la empresa tras la quiebra para "honrar los compromisos gubernamentales", la realidad es que el mercado y las agencias ya han pasado página. Los vehículos que una vez fueron presentados como el futuro de la exploración lunar y la logística urbana han acabado aparcados en naves industriales, a la espera de un destino incierto que probablemente pase por la subasta de piezas o el desguace.

Canoo se suma a la triste lista de startups eléctricas que murieron de éxito antes incluso de empezar a fabricar. La historia de Canoo es la de una empresa más atraída por la nueva movilidad eléctrica. En 2018 fue fundada en Torrance, California, con el objetivo de convertirse en una firma de referencia dentro del cada vez más popular mercado industrial eléctrico. La idea fue tan buena que en 2020 llamaron la atención del Grupo Hyundai. Coreanos y americanos anunciaron una colaboración de cinco años y un gasto previsto de 87 millones de dólares. Todo ese dinero ahora ha desaparecido, demostrando que ninguna empresa está segura en este momento de cambio.