La producción de Mercedes-Benz en Alemania no es competitiva según los estándares internacionales, sobre todo por sus elevados costes laborales. Así lo ha reconocido la propia marca después de que uno de sus altos directivos advirtiera a los trabajadores de que dos plantas podrían acabar cerrando si la situación no cambia.
El aviso llegó de la mano de Michael Schiebe, miembro del consejo de producción de Mercedes, durante una asamblea de trabajadores celebrada en Sindelfingen. Según extractos de su discurso compartidos por la propia compañía, "si no somos capaces de hacerlo, tendremos que cerrar una planta de montaje alemana y una planta de motores alemana". Mercedes no ha concretado qué instalaciones concretas estarían en riesgo.
Una red industrial con seis instalaciones en juego

La red de fabricación alemana de Mercedes abarca operaciones muy distintas entre sí. Por un lado están las tres plantas de montaje de vehículos de pasajeros, situadas en Sindelfingen, Rastatt y Bremen. Por otro lado, las plantas dedicadas a los sistemas de propulsión, ubicadas en Untertürkheim, Berlín y Hamburgo. Schiebe no llegó a precisar cuál de todas ellas podría verse afectada, limitándose a describir los dos centros en riesgo únicamente por su función: una planta de carrocería dedicada al montaje final, y una planta de propulsión independiente que fabrica motores, transmisiones o componentes de accionamiento eléctrico.
Este aviso no surge de la nada. Mercedes ya había reducido sus costes fijos en un 25% desde 2019, aunque la compañía reconoce que hacen falta nuevos avances. Durante el Capital Markets Day de 2025, el fabricante con sede en Stuttgart anunció su intención de reducir los costes de producción un 10% hasta 2027, ajustando al mismo tiempo su capacidad nominal. En ese plan, la capacidad global de producción de turismos estaba previsto que cayera de los 2,5 millones de vehículos en 2024 hasta situarse entre 2 y 2,2 millones.
Una diferencia de costes del 70% frente a Hungría

La comparación que más pesa en esta ecuación es la que Mercedes establece con su planta de Kecskemét, en Hungría. Según los datos disponibles, los costes de producción en Alemania, ligados sobre todo a la mano de obra, resultarían aproximadamente un 70% más altos que en la instalación húngara. Esa diferencia ya ha influido en decisiones estratégicas previas, como el traslado de la producción de coches pequeños y del G-Class hacia Hungría, un patrón que confirma hacia dónde se inclina la balanza de costes dentro del propio grupo.
El planteamiento de Mercedes pasa por alinear sus plantas alemanas con una capacidad de producción anual de aproximadamente 900.000 vehículos, lo que exigiría optimizar el uso de las instalaciones y reducir el coste por unidad fabricada. Es una cifra que da una idea concreta de hasta qué punto la compañía quiere redimensionar su huella industrial en el país. Hace unos meses, el propio CEO de la compañía, Ola Källenius, lanzó la voz de alarma, criticando y señalando a la Unión Europea como causante del “colapso del mercado europeo”.
Protestas sindicales en plena negociación colectiva

El aviso llega justo cuando la negociación colectiva del sector metalúrgico y eléctrico está a punto de arrancar, a principios de octubre. La asamblea de trabajadores se produjo en un contexto de protestas a nivel nacional organizadas por el sindicato IG Metall, en las que decenas de miles de trabajadores del automóvil se manifestaron contra los despidos masivos en el sector, que lucha por competir con los rivales chinos de bajo coste mientras absorbe fuertes aranceles impuestos por Estados Unidos.
Mercedes no es la única marca alemana enfrentándose a este tipo de decisiones. Volkswagen ya ha iniciado su propia reestructuración que incluye el cierre de cuatro fábricas alemanas entre 2031 y 2034. Audi también ha señalado riesgo de cierre en su planta de Neckarsulm por motivos similares de costes de producción. Un portavoz de Mercedes confirmó las declaraciones de Schiebe, aunque no precisó cuándo se tomaría una decisión definitiva, dejando el aviso como una pieza de presión dentro de las negociaciones en curso sobre los costes laborales.