Ola Källenius ha vuelto a poner sobre la mesa una de las grandes tensiones que vive la industria europea del automóvil. El CEO de Mercedes-Benz ha cuestionado la legislación europea sobre emisiones de 2035 y ha señalado que las normas actuales no están consiguiendo acelerar la transición hacia el coche eléctrico como esperaba Bruselas.
El directivo sueco-alemán, uno de los nombres más influyentes del sector, ha apuntado directamente al marco regulatorio que fija el final de la venta de coches nuevos con motor de combustión en la Unión Europea a partir de 2035. Según recoge Reuters, Källenius afirmó que las normas actuales, incluida esa prohibición, “no han impulsado el cambio previsto hacia los vehículos eléctricos”.

Mercedes-Benz pide pragmatismo a Europa
La frase más contundente del CEO de Mercedes-Benz fue clara. “Es evidente que la legislación sobre emisiones de 2035, aprobada en 2020, tiene fallos”, aseguró Källenius, en unas declaraciones que llegan en pleno debate sobre el futuro industrial de Europa y la competitividad de sus fabricantes frente a China.
Källenius advierte de que la normativa actual no ha impulsado el salto al eléctrico como esperaba Europa.
El mensaje no supone un rechazo frontal al coche eléctrico, una tecnología en la que Mercedes-Benz ha invertido miles de millones de euros y que sigue formando parte central de su estrategia. La crítica va dirigida al modo en que Europa ha planteado la transición, con una fecha límite muy rígida y con un mercado que no está respondiendo al ritmo que muchos fabricantes y legisladores esperaban.
Källenius también pidió a los responsables políticos que sean pragmáticos y advirtió de que no pueden ignorar las fuerzas del mercado. La idea de fondo es que la regulación puede marcar el camino, pero no basta por sí sola para crear demanda, desplegar infraestructura de carga, reducir precios o resolver las dudas de muchos compradores particulares y profesionales.

La reflexión llega en un momento especialmente delicado para los fabricantes europeos. La demanda de eléctricos crece, pero de forma desigual según el país, el nivel de ayudas, el precio de la electricidad, la renta disponible y la red de recarga. A ello se suma la presión de los fabricantes chinos, que están aumentando la competencia con eléctricos cada vez más sofisticados y agresivos en precio.
Mercedes-Benz ha sido una de las marcas premium que más claramente apostó por el coche eléctrico a comienzos de la década. La familia EQ, los nuevos desarrollos de baterías, las plataformas eléctricas y la digitalización del vehículo forman parte de una estrategia que sigue vigente. Sin embargo, la compañía ha ido modulando su discurso en los últimos años ante una realidad comercial más compleja de lo previsto.
El debate no es menor. La prohibición efectiva de vender coches nuevos de gasolina y diésel en 2035 se ha convertido en uno de los símbolos del Pacto Verde europeo. Para sus defensores, es una señal necesaria para empujar a la industria hacia las cero emisiones. Para sus críticos, en cambio, el riesgo está en fijar objetivos demasiado rígidos sin acompasar la transición a la evolución real del mercado.

Källenius se sitúa en esa segunda línea de preocupación, aunque sin abandonar la electrificación. Su argumento es que Europa necesita una política industrial más realista, capaz de apoyar el despliegue del coche eléctrico sin poner en peligro la competitividad de sus fabricantes ni dejar al consumidor ante una oferta que todavía no siempre encaja con sus necesidades o su capacidad económica.
El contexto competitivo añade presión. Las marcas chinas han acelerado su llegada a Europa con coches eléctricos de gran autonomía, mucho equipamiento y precios ajustados. Para grupos como Mercedes-Benz, BMW, Volkswagen, Renault o Stellantis, el desafío ya no es solo tecnológico. También es industrial, comercial y geopolítico.
La posición del CEO de Mercedes-Benz encaja con una reclamación cada vez más repetida entre los fabricantes europeos. No se trata solo de relajar objetivos, sino de revisar qué herramientas son más eficaces para lograr que los eléctricos ganen cuota de mercado. Entre ellas están los incentivos a la compra, la infraestructura de recarga, el coste energético, la producción local de baterías y una regulación que tenga en cuenta distintos ritmos de adopción.
La batalla por el coche eléctrico europeo
El gran problema para Europa es que el calendario avanza más rápido que algunas condiciones necesarias para cumplirlo. En muchos mercados europeos, el coche eléctrico sigue siendo más caro que su equivalente de combustión, depende mucho de las ayudas públicas y todavía genera dudas entre quienes no tienen garaje propio o acceso sencillo a un punto de carga.
Esa distancia entre ambición política y realidad comercial es la que Källenius parece señalar cuando habla de fallos en la legislación. La norma marca un destino claro, pero el CEO de Mercedes-Benz considera que no ha creado por sí sola las condiciones necesarias para que el cambio se produzca al ritmo previsto.

Para Mercedes-Benz, la transición eléctrica sigue siendo inevitable, pero no necesariamente lineal. La marca sabe que el futuro de Europa pasa por reducir las emisiones del transporte, pero también por conservar una industria del automóvil fuerte, rentable y capaz de competir con China y Estados Unidos.
Por ello, las palabras de Källenius tienen relevancia más allá de Mercedes-Benz. Reflejan el pulso que se está abriendo entre fabricantes, reguladores y consumidores en torno a la velocidad real de la electrificación. La pregunta ya no es si el coche eléctrico será protagonista, sino cómo se llega hasta ahí sin romper el mercado por el camino.
