Hoy nadie parece estar a salvo de los problemas. Las constantes crisis a las que se enfrenta la industria del automóvil desde la pandemia de la COVID-19, sumado a la irrupción de China, así como los diferentes conflictos bélicos instalados en Europa del Este y Oriente Medio, han complicado la situación financiera de muchas compañías tradicionales, incluyendo Porsche. El consejo de supervisión de la compañía ha aprobado el plan del director ejecutivo, Michael Leiters, de recortar otros 5.000 puestos de trabajo en Alemania, lo que eleva el total de reducciones de plantilla previstas a 8.900, mientras la empresa lucha contra la debilitación de la demanda en China y la caída de los beneficios.
Tras el desplome de su margen operativo, la dirección de la compañía evalúa ampliar el alcance de sus recortes de plantilla como parte de una estrategia para acelerar el saneamiento de sus cuentas y adaptar su estructura a la nueva realidad del mercado global. Los despidos ahora planteados, programados hasta el 2035 se suman a los planes de despido ya aprobados con los representantes de los trabajadores, duplicando el alcance de los recortes con el objetivo de recortar costes fijos y recuperar la rentabilidad histórica de la marca. Todo el Grupo Volkswagen recortará plantilla durante los próximos años.
Reducción de la gama y enfoque en modelos de mayor margen

La estrategia para acelerar la recuperación financiera de la empresa va más allá de la reducción de personal e implica una profunda reorganización de su oferta comercial. Los alemanes buscan abandonar la diversificación excesiva para centrarse exclusivamente en sus productos de mayor rentabilidad, optimizando el uso de sus plataformas de producción y conteniendo los gastos de desarrollo. Varios son los modelos actuales que corren peligro, mientras que otros podrían variar su planeamiento.
En este sentido, la compañía simplificará su catálogo eliminando variantes secundarias para concentrar sus recursos en iconos como el 911 o el Cayenne eléctrico que está cosechando buenas cifras de ventas. Esta política de priorizar el margen frente al volumen de unidades vendidas pretende paliar la caída de entregas registrada en mercados clave como el chino, donde la demanda de modelos de alta gama ha experimentado un severo retroceso. Sin embargo, no todos los modelos tendrán el mismo futuro. El Panamera parece tener los días contados, mientras que Porsche no sabe muy bien qué hacer con los futuros 718 eléctricos.
Ajustes de plantilla, cierre de filiales y abandono de proyectos

El grueso del plan de reestructuración laboral afectará a áreas clave del organigrama industrial. Aunque la directiva ya había pactado previamente la salida de 3.900 empleados, las discusiones más recientes abren la puerta a una segunda fase de bajas en sus instalaciones alemanas. Los departamentos técnicos y administrativos se sitúan en el centro de estas medidas de ajuste operativo. Porsche plantea un recorte de hasta un 30% de la plantilla de su centro de I+D de Weissach. El plan de bajas será acordado mediante salidas voluntarias, jubilaciones anticipadas y reasignaciones internas.
Para aligerar la estructura de costes y centrar todos los recursos en la fabricación de automóviles, la marca ha iniciado el desprendimiento de activos y proyectos no estratégicos. Dentro de este plan de simplificación organizativa, la compañía ha cerrado diversas filiales y participadas para frenar el consumo de capital en áreas periféricas. Entre estas desinversiones destacan las siguientes operaciones sobre la división de componentes y desarrollo:
- Cierre de la filial Cellforce Group dedicada a la fabricación y desarrollo de celdas de batería.
- Cese de actividad en Porsche eBike Performance, orientada a sistemas de propulsión para bicicletas eléctricas.
- Liquidación de Cetitec, firma especializada en el desarrollo de software de comunicaciones.
- Venta de las participaciones accionarias en Bugatti Rimac y Rimac Group.
Gastos de reestructuración e impacto de los aranceles internacionales

El coste directo de implementar estas medidas supondrá un importante desembolso extraordinario para las arcas de la compañía. Se estima que las cargas asociadas al plan de reestructuración oscilarán entre los 800 y los 900 millones de euros a lo largo del presente ejercicio fiscal. A este impacto económico derivado de las indemnizaciones y cierres de filiales se suman unos 700 millones de euros adicionales vinculados al pago de aranceles comerciales en el entorno internacional. La dirección confía en presentar el plan estratégico definitivo de cara a los inversores durante la celebración de su jornada de mercados de capitales fijada para el próximo 7 de octubre.