Trojan Energy, una de las startups británicas más conocidas por su enfoque de recarga en la calle en Reino Unido, ha entrado quiebra y su negocio ha sido vendido a una filial de la empresa Connected Kerb.
El modo de venta es denominado pre-pack administration es una fórmula habitual en insolvencias británicas cuando el tiempo apremia. La venta se negocia antes y se firma en el mismo momento en que se inicia la administración, para que contratos, instalaciones y equipos no se queden parados mientras se decide el futuro de la empresa.

Un nicho dentro de la electromovilidad
En este caso, la operación ha permitido que toda la plantilla pase al comprador. Connected Kerb y varios medios del sector señalan que los 63 empleados de Trojan Energy se transfieren con el negocio, lo que reduce el riesgo de que se pierda conocimiento técnico y capacidad de operación.
Trojan Energy se dedicaba a un nicho muy concreto dentro de la electromovilidad. No era una red de cargadores rápidos en carretera, sino un proveedor de soluciones de recarga en acera pensado para residentes que aparcan en la calle y no tienen garaje o plaza privada, el gran cuello de botella del coche eléctrico en muchas ciudades.
Recarga sin postes y sin estorbar en la acera
Su tecnología más conocida es Flat and Flush. En lugar de un poste, instala un puerto eléctrico enrasado en el pavimento y el usuario conecta un adaptador tipo lanza para enchufar el cable al coche, de manera que cuando no se carga la calle queda prácticamente libre de infraestructura visible.
Esa propuesta llegó a desplegarse a cierta escala. Connected Kerb se compromete a mantener en operación los 1.500 puntos de carga activos de Trojan y a integrar sus productos Flat and Flush Hub y Home en su cartera.
La caída, sin embargo, no parece responder a un fallo puntual del producto, sino a un problema clásico de las infraestructuras urbanas. Interpath y publicaciones sectoriales apuntan a que Trojan no logró asegurar la financiación necesaria para sostener sus planes de crecimiento, una situación especialmente delicada en un modelo que combina hardware, obra civil, permisos municipales y operación.
El peso del dinero público y la factura reputacional
El caso ha ganado ruido por la financiación acumulada en años anteriores. El Scottish National Investment Bank anunció en septiembre de 2022 una inversión de 9 millones de libras (unos 10,4 millones de euros) en Trojan y en enero de 2024 comunicó un seguimiento de 18 millones de libras (unos 20,7 millones de euros) dentro de una ronda total de 26 millones de libras (unos 29,9 millones de euros) que también incluyó 8 millones de libras (unos 9,2 millones de euros).

The Times eleva el apoyo público total a 28 millones de libras (unos 32,2 millones de euros), una cifra que se entiende como agregación de respaldos vinculados al banco público.
Antes del concurso, Trojan había vendido su historia como una respuesta a un problema estructural del Reino Unido. En su comunicación de 2024, la empresa recordaba que su sistema apuntaba a millones de hogares sin driveway y citaba proyectos como el de Barnet, donde hablaba de alrededor de 1.300 puntos de carga en colaboración con el ayuntamiento.
Connected Kerb presenta la compra como una apuesta por acelerar la recarga de barrio en la calle y por sumar una tecnología que encaja con despliegues de alta densidad. Para el usuario final, el impacto inmediato es que la red existente y los equipos que la operan no desaparecen con la insolvencia, aunque el episodio vuelve a subrayar lo caro que es escalar recarga urbana cuando el capital se encarece y la obra civil manda.