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Nueva movilidad: ¿Cómo están cambiando las ciudades?

La pandemia ha acelerado los cambios en las metrópolis, que han sufrido un descenso drástico de la movilidad y han adaptado sus espacios a las nuevas necesidades.

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La transformación de las ciudades pasa por ganar espacios de ocio para los ciudadanos.

Desde hace años, se está generalizando el pensamiento que las ciudades son para los peatones y no para los coches. Uno de los argumentos más utilizados es el de la salud, ya que las grandes poblaciones suelen tener índices de contaminación nocivos para las personas.

Las administraciones están aprobando una serie de medidas para lograr ciudades más sostenibles. A eso tenemos que sumarle las consecuencias de la crisis sanitaria, que ha llevado a muchos consistorios a peatonalizar calles en fines de semana y festivos o a aumentar su red de carriles bici.

Se calcula que en Europa, alrededor de un 9% de la población urbana está expuesta a niveles de partículas contaminantes NO2 por encima de los recomendados por la Organización Mundial de la Salud (OMS). El dióxido de nitrógeno se libera durante la combustión, especialmente de los motores diésel. Este gas puede producir dificultades respiratorias, así como problemas en el hígado y la sangre. También es la causa de la conocida como lluvia ácida y se la atribuyen cerca de 6.000 muertes prematuras en el estado español.

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Las grandes ciudades cortan algunas calles y las habilitan como espacios peatonales.

El Ayuntamiento de Barcelona estima que la mitad de desplazamientos por motivo laboral se efectúan en coche. El equipo de Ada Colau tiene la intención que en 2024 el vehículo privado represente menos de un 20% del total de desplazamientos de la ciudad.

Mientras que el gobierno prepara ayudas para estimular las ventas de coches eléctricos, las principales ciudades españolas han puesto en marcha restricciones para los vehículos más contaminantes, con zonas de bajas emisiones en días y horarios determinados. También han limitado la velocidad de algunas calles a 30 km/h, para disminuir la contaminación y aumentar la seguridad.

La bicicleta es un medio de transporte que no para de crecer. Desde hace años, se ofrecen algunas ayudas para la compra de bicicletas eléctricas. Por ejemplo, en Francia se plantea un apoyo económico de hasta 2.500€ por la obtención de un vehículo de este tipo. Por su parte, la Comunidad de Madrid, también puso en marcha un proyecto de cofinanciación para vehículos sostenibles.

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La Comunidad de Madrid invertirá 120 millones de euros para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero.

Los carriles bici y calles ciclables han ganado mucha importancia, al igual que los sistemas compartidos de bicisharing.

Los Vehículos de Movilidad Personal (VMP), como patinetes eléctricos, también han aumentado la presencia en las calles. Su crecimiento ha provocado discrepancias entre los vecinos y, por esta razón, las autoridades competentes se plantean crear una nueva legislación, que les obligue a llevar casco o a contratar un seguro de accidentes.

Reducción de trayectos

En cambio, el uso del transporte público ha sufrido un descenso considerable. En el Área Metropolitana de Barcelona, las validaciones de billetes de metro, autobús y ferrocarril han caído un 40% comparado con cifras anteriores a la pandemia. En 2016, al capital catalana puso en marcha una remodelación de las líneas de autobús, para hacer un plano “más intuitivo, eficiente y con mayor conectividad”, según palabras del Regidora de Urbanismo de la ciudad, Janet Sanz.

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Actualmente, el transporte público tiene un 60% de la ocupación pre-pandemia.

El Director de la DGT, Pere Navarro afirma que en España la movilidad se ha reducido considerablemente. “Estamos con un 17% menos de tráfico en las carreteras en días laborables, y un 47% menos en fines de semana, porqué aún hay restricciones en muchas comunidades”, destaca.

En definitiva, la pandemia ha modificado todos los esquemas de movilidad. El transporte público ha perdido adeptos, que se han inclinado por patinetes o bicis eléctricas. También se han revalorizado los espacios verdes y peatonales, mientras que el número de carriles para automóviles se ha reducido. El único punto en común que se mantiene firme es continuar con la transición hacia unas ciudades más comprometidas con el medioambiente.

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